El cineasta es un hombre de muchas vidas y distintos mundos. Cuenta su vida como una película, donde se acuerda con un nivel de detalle envidiable. Llama la atención la forma cómo relata lo que vive, destacando sensaciones, anécdotas, y cómo vive la comunidad y su gente cada día.
Percy tiene ese imán para quedarte hablando con él horas, porque tiene historias para regalar. Llegó a la Comunidad hace 30 años aproximadamente, le compró la mitad del terreno a una amiga, si bien no lo compró tan barato como los fundadores “que tuvieron el privilegio de llegar primero y descubrieron el cuento”, construyó la casa y en julio de 1996 se vino con esposa e hijos. Desde entonces no se movió más.
Casado tres veces –aunque no le gusta el matrimonio–, “pero antes era muy necesario por los niños, menos mal que ahora ya no”, dice. Vivió en el mismo departamento que Orson Welles y tuvo una importante participación política en la conformación del partido instrumental, el Partido por la Democracia, PPD. Actualmente vende vinos, con asesoría incluida.
Los reconocimientos han sido más internacionales que nacionales. Ha entregado sus películas al Museo de la Memoria, a la Cinemateca Nacional y a la Universidad de Chile, donde ha sido mencionado en estudios y citado en libros como parte de la historia del cine chileno. Hoy más alejado de las cámaras y producciones vende vinos al llamado. Tiene una página, pero funciona por datos entre vecinos y las sesiones en el Expreso Imaginario donde se puede probar las distintas cepas por copa.

Vas a cumplir 30 años en la Comunidad. ¿Cómo llegaste aquí?
Es bastante tiempo (ríe). Desde que llegué de Europa –antes del término de la dictadura el 84– viví en Lastarria, luego en Providencia y después ya nos vinimos para acá. Fue una oportunidad que tuvimos cuando una amiga vendió parte de sus 4.000 metros y justo en ese momento me cayó una plata de Europa. Más que nada porque comprar un sitio más la casa era mucho más barato que adquirir una casa de 70 m2 en La Florida. En ese tiempo no era tan caro. Los precios empezaron a subir desde 1991, cuando volvió la democracia. Antes nadie tenía ni un 20. Cuando vivía en Lastarria, pagaba 15 mil pesos de arriendo y ganaba 20 mil en la revista Cauce. En esa época yo era el encargado del segmento de cultura en la revista.
¿Eso era poco? ¿O era muy alto el arriendo?
Era poco o medio, porque todo el mundo vivía con lo justo y los sueldos eran una ridiculez de bajos para los que tenían pega, no les alcanzaba para nada.
¿Con casi 30 años viviendo aquí, qué es lo que valoras de la Comunidad?
La Comunidad la hace su gente. Lo que más valoro es su ambiente. Yo viví 14 años en París, siete años en Madrid y viajé bastante por Europa. Entonces yo le puedo decir que nunca vi un lugar como la Comunidad Ecológica. Por ejemplo, Garros hace su jam session los días domingo, y la gente va y se toma un vaso de vino, mientras escucha jazz y hasta baila. Me acuerdo hace un tiempo atrás llegó un tío con cara de despistado con la mujer; venían de El Sol y escucharon música. Yo estaba detrás del mostrador con los vinos. Se me acercó y me dijo “Oye, disculpa ¿qué es esto? ¿una jam session?”. Luego compró una copa de vino y se sentó, y lo pasó increíble. Es eso, una casa grande, justamente increíble.
El ambiente que hay es muy grato, muy suelto. Por ejemplo, ahora en la mañana fui al banco –que tampoco queda tan lejos–, regresé y fui al café, un café de autor al aire libre, es precioso el Microcafé. Llegas a una mesa y hay un amigo o algún vecino que tiene que ver con tu mundo –en mi caso un audiovisual, un fotógrafo o cualquier otro vecino–. Te sientas en una mesa con siete personas, puedes conversar con cinco perfectamente y con las otras dos también, porque hay mucho en común. Y si no hay espacio, alguien te dice “siéntate con nosotros”, y no te va a molestar compartir y puedes no tener cuidado con lo que vas a decir o no vas a sentir que molestas, porque todos nos conocemos. Esto no te pasaría en Europa ni en ningún lado.
¿Alguna experiencia de este tipo en Europa?
Yo vivía en Madrid. Llegué a Madrid a hacer una película. Pero la película no se hizo por problemas de producción. Pero durante un año me estuvieron pagando. Y me dieron un departamento que hacía una semana que lo había desocupado Orson Welles. Welles trabajando con la misma productora mía y se notaba que había estado en los muebles, era una persona de gran envergadura física.
Después me cambié de productora con otra película y también me empezaron a pagar, arrendaba un departamento de dos ambientes a un precio caro. Conocí a Erich Schnake –político y fundador del PPD– y me dijo que se había ido al Escorial, un pueblo cercano a 45 minutos de la ciudad. Los precios eran similares, pero por una casa con piscina, jardines, espacios grandes. Ahí nos fuimos con mi hijo, había varios chilenos, como Sergio Castillo, el escultor, Raúl Valdivieso también escultor y varios artistas, escritores y también algunos argentinos. En ese pueblo había comunidad y nos estábamos viendo y visitando permanentemente. Lo pasamos muy bien.
Percy el político
A su regreso a Chile el año 84, aún era militante del Partido Socialista y recibió el llamado de un compañero de filas, Ricardo Núñez “nos encargó a mi y a otro compañero armar el PPD en Providencia”.
Pero Núñez no se cambió al PPD, ¿qué hiciste con el llamado?
El PPD era un partido instrumental para todo lo que significó el regreso a la democracia y todo funcionó muy bien hasta que cayó la dictadura. Yo tenía gente de los liberales, de esa derecha antigua inscritos en el PPD, pues había mucha gente que no quería estar en un partido clásico. Y muchos siguieron. Yo tengo muchos amigos que siguen en el PPD.
Pero después no seguiste la carrera política, ¿te habría gustado tener un cargo representativo?
No, para nada. Nunca se me ocurrió siquiera, pero los de Peñalolén pensaban que sí. Esa es la única queja que tengo desde que llegué a Peñalolén. Cuando llegué aquí pedí en el partido tomar contacto con los que vivían en la comuna, pero no me pescaron ni en bajada. Y después un amigo que era dirigente me dijo “a la gente no le gusta que venga gente nueva a cortarle el pasto”. Nunca se me había ocurrido presentarme como candidato a regidor, concejal, qué se yo. Quizás había un cierto temor que yo era una persona que había salido en la prensa por las películas y pensaron que este personaje le podía hacer sombra en lo suyo y acá el partido PPD prácticamente no existe. Esa fue mi historia política.
Percy el vendedor, la familia y el cine

Registro de filmación de Los trasplantados del director Percy Matas, 1975. (Imagen Fundación Nemesio Antúnez)
¿Cómo llegaste al cine?
Cuando tenía 17 años me fui a vivir con mi mamá, mis padres estaban separados hacía muchos años. Seguí yendo al colegio, primero al Patrocinio y luego a otro, y después me puse a trabajar. Nunca fui muy estudioso, nunca lo mío. Así que me puse a trabajar.
¿A qué te dedicabas?
Irónicamente era vendedor de líquidos de permanente en frío (lo que se utilizaba en peluquerías). No le hacía tan buena propaganda, pero me iba bien. Después trabajé en diferentes cosas. Vendí maquinaria también y cuando salió Alessandri mi mamá me ayudó a conseguir un trabajo en LAN, porque yo quería ser sobrecargo. No aspiraba a ser piloto porque sabía que había que estudiar mucho. Pero me tincó ser sobrecargo. Era empleado público, el sueldo era bajísimo –aguanté como un año y medio–. Era un sueldo vital, lo que ganaban todos los empleados recién entrados y no alcanzaba para nada. Después me ofrecieron una pega para vender repuestos de autos y otras más, en ventas también.
Tenías buen convencimiento para vender
Sí. Y funcionó bastante bien. Finalmente, un amigo mío, Joaquín Falabella, compañero del Grange School cuando éramos chicos, me lo encontré y me dijo. “Tú eres buen vendedor. ¿Por qué no te pones a vender muebles?”. Y me puse a trabajar con ellos que pusieron una mueblería en Providencia con Los Leones. Y pasaban anécdotas, como cuando vi a la Paulina Viollier cuando pololeaba con Carlos Altamirano, entrando a los edificios en Tajamar. Después los conocí en España y les dije “yo te vi entrando a las Torres de Tajamar” y estallaron las risas, ya estaban casados.
¿Y cuándo te fuiste a Europa? ¿cuándo el cine?
Trabajé ahí un buen tiempo. Entremedio me peleé. Estuve trabajando con Enrique Villegas, que tenía una mueblería justo en la esquina de Merced con Victoria. Un día el muchacho que trabajaba ahí contestó el teléfono y me dijo “lo llaman de Francia”. En ese tiempo los llamados internacionales eran una epopeya. Primero, porque se oía pésimo. Segundo, porque costaban una fortuna. Voy corriendo al teléfono. Era mi hermano y me dice “oye el papá está mal, tiene un tumor, tienes que venir”. Esto fue en el año 69. Compré el pasaje con la venta de una camioneta y me fui en lo más barato posible, en un chárter del Instituto Chileno Francés que era una buena alternativa. Estaba dos meses allá y me volvía. Todo bien.
Me subí al avión. Fue muy entretenido el viaje, porque me tocó de compañera de asiento en la Marta Rial, la mamá de Gumucio. Era divertidísima, muy entretenida. Yo tenía 29 años y ella tenía unos 56, pero como si fuera de 19 años, muy fiestera. Mantuvo a todo el avión entretenido. Llegué a París y para mi sorpresa, no había nadie esperando. No llegó mi papá, no llegó mi hermano.
¿Dónde estaban, qué hiciste?
Llegué a la dirección al lado de los Campos Elíseos, en una callecita chica paralela. Un edificio relativamente moderno para lo que son los edificios de París, que son todos de 1900. No había nadie. Era domingo por la tarde. Entonces entré a un café, pedí un café con el francés que tenía, que era como de Tarzán. Le expliqué que venía llegando de un viaje y que andaba con la maleta y que no podía andar caminando. Si se la podía dejar.
Así que por lo menos ya no andaba con maleta. Hacía un frío de cagarse ya que había nevado un par de días antes, pero yo andaba con abrigo. Pero sin botones, porque el abrigo lo saqué de la tintorería justo antes de irme al aeropuerto y ya habían perdido los botones. Me metí a un cine, me metí a un teatro, vi una obra de teatro y después me fui al departamento de mi papá. La portera me dijo “su papá y su hermano se fueron a las Islas Canarias hace como una semana”.
¿Y qué pasó?
Yo sabía que mi hermano manejaba todas las cosas con el consulado de Chile, así que me levanté tempranito en la mañana, salí, tomé un café y luego un taxi me llevó a la puerta de la embajada. Una mansión señorial de fines del siglo XIX o principios del siglo XX, en un barrio de inversión. La chica que atendía me quedó mirando y me dijo: “¿Tú eres hermano de Juan?” –parece que tenemos el mismo aire–, “aquí tienes una carta que te dejó”. En el sobre había un pasaje para las Islas Canarias para el miércoles.
Partiste a Canarias y te encontraste con la familia ¿y tu papá?
Mi papá estaba flaquito y mi hermano estaba bien. Pasamos unos días en el hotel. Después mi papá se empezó a sentir mal. Lo llevamos a una clínica. Tuvimos que dejar ese hotel. Los médicos cuando hay una persona que no tiene vuelta, se lo tratan de sacar de encima como pueda. A él lo habían mandado a las Islas Canarias. Los médicos del American Hospital –es como la Clínica Alemana de acá– lo habían mandado a Canarias para que respirara y tomara sol para que se pudiera reponer. Y sabían muy bien que no se iba a reponer. Y en Las Palmas nos mandaron de vuelta a París para que fuera atendido y mejor. Regresé a Chile cuando terminaron los dos meses. En Chile, al mes después mi hermano me avisó que se había muerto mi papá. Me conseguí plata y volví a París.
¿Pero qué pasó con tu vida?
Arreglamos la cosa de la herencia y decidimos volver a Chile. Y pusimos con mi hermano una mueblería en Apoquindo. Pero vino la campaña electoral del año 70 y la verdad que no anduvo demasiado bien. No anduvo como esperábamos que anduviera. Mi hermano se fue a estudiar enología a Dijon, yo me quedé en París y me puse a estudiar cine. Estudié cine durante tres años.
¿Cómo te diste cuenta que te gustaba, desde cuando la vocación?
Me gustaba mucho el cine y lo seguía con mucha pasión. Cuando estaba en el colegio Patrocinio San José, descubrí que un primo mío bastante mayor que yo, era gerente del Cine Bandera. Entonces me fui a hablar con él para entrar y mirar. Era el cine que pasaba películas inglesas. Y al poco tiempo después supe del cine Pacífico, donde daban películas francesas. Yo sin aliento. Todas las películas famosas de la nueva ola francesa me interesaron e impactaron muy profundamente.
De vendedor saltaste al cine
Yo como vendedor de cine he sido bastante mediocre. Me va mucho mejor vendiendo vino que vendiendo mis cosas de cine. Yo hice la película “Los trasplantados” con plata mía y un poco de plata que puso mi hermano. Después me iban a producir en España y falló. Me iban a producir de nuevo y volvió a fallar. En España te conseguías financiamiento por partes, distribuidores, exhibidores, productores, etc.
Pero era un tiempo importante para la industria cinematográfica. Trabajaste con Raúl Ruiz e hiciste tus propias producciones
Si claro, yo no solo trabajé con Raúl Ruiz, fui productor y actor. Y claro, luego de la dictadura había temas que interesaban o cosas que sucedían en Europa como la cantidad de exiliados y sus condiciones. Llegaban todos con lo puesto. De hecho, en mi película “Los trasplantados” hay una escena en la embajada donde se ve gente durmiendo amontonados, eso era real, no era actuación.
¿Y sobre las temáticas?
Bueno esa película habla de las condiciones que llegaban los exiliados, con lo puesto, con muchas necesidades, pero felices porque tenían vida y una oportunidad. Eso era parte de lo que veíamos todos los días, cómo se bajaban chilenos de los aviones.
¿A qué te dedicaste en Chile?
Pusimos una productora Multimagen vídeo, donde hicimos cosas bien interesantes en cuanto a proyecciones. Hicimos proyecciones sobre La Moneda, cosas muy lindas, pero eso costaba una fortuna. Ahora con la era digital, con cualquier computador picante haces esas superposiciones de imágenes. Estuve un par de años con eso, luego se disolvió y puse una productora para hacer videos de Chile para el turismo.
En esta productora se hizo un trabajo para LAN y se grabó con un camarógrafo en todo Chile, pero era mucho material, un alto de cintas, no muy elaborado o con sentido turístico, así que dije “déjame ver lo que puedo hacer con esto”. Hice un video cortito para gente que hace negocios, un video corto con toda la información sobre Chile de 14 minutos, y lo vendimos como pan caliente.
Después fui a la “Feria del Libro” y les conté sobre el video promocional de Chile, me preguntaron si me interesaría que lo vendiéramos allí y lo dejé a consignación, y me pidieron más. Luego fui a la Feria del Disco y ahí también me fue bien. Ellos vendían mucho y estaban en todos lados. Me alegaban que era muy corto, hice uno más largo, después del norte, del sur, de bailes de Chile.
O sea full corporativo
Claro, trabajé en este último tiempo de mi carrera en videos corporativos, para mineras y turismo. Me sentía muy seguro en términos económicos, pero con la llegada de esta tecnología de bolsillo, puedes hacer cosas con el celular y con el montón de jóvenes que salen de las escuelas, ya pagan harto menos. No puedes competir. Y ahí poco a poco me fui alejando y dejando. He hecho cosas a los vecinos.
¿Cómo ves el escenario para la cultura con un gobierno de derecha?
Con todo lo que ha dicho Kast sobre la reducción del gasto fiscal está bien claro que si quiere recortar 6 mil millones de dólares, para la derecha históricamente la cultura es lo que menos le interesa. Ni siquiera a la derecha clásica, RN y UDI que sí saben vivir en sociedad.
Yo no sé cómo va a ser con este pájaro porque es inédito, porque nunca ha dicho nada, es como Trump o Milei, que llegan a decir leseras, insultan. Como Trump que vive echándose para atrás, como por ejemplo con los aranceles aduaneros, o los insultos al gobernador de Nueva York. Dicen cosas y después se desdicen y se dan la mano. No sé qué se podría decir de este señor.
Se dice que hay gente que está decepcionada de este gobierno
Yo no veo por dónde se puede estar decepcionado. Este es un gobierno que ha ido de menos a más. No fue pidiendo revoluciones maravillosas que dejen a todo el mundo feliz, pero si un mandato donde se ven progresos importantes sobre todo en el ámbito social. Donde nos ha representado internacionalmente de manera ejemplar. Esto es como lo que pasó con Lagos, todos decían que era un gran estadista y los más decepcionados eran los que habían votado por él, porque esperaban algo que nunca dijo que iba a hacer. Con Boric ha sido distinto, pues él llegó vendiendo una mercadería que nadie quería y que no se vendía, entonces tuvo que recular y lo hizo. Porque los buenos políticos saben recular, saben decir perdón, la embarré. Cambian ministros, ponen embajador. Y con este caballero que va a llegar al poder, no sabemos nada y desde ya te digo que los que somos de la cultura, somos los grandes perdedores. Por eso me alegro mucho no estar trabajando en la cultura de manera profesional.
Director y productor. Entre 1970 y 1974 estudia cine en la universidad de Paris VIII (Vincennes), en donde se empapa del ambiente inmediatamente posterior a mayo del 68. Allí se relaciona con cineastas de la nouvelle vague como François Truffaut y Jean-Luc Godard. Se radica en Europa hasta 1985, realizando actividades docentes en la Universidad Erasmo de Rotterdam (Holanda) y labores de difusión y promoción del cine en Móstoles y Madrid (España). En este periodo, se desempeña como productor para el cineasta Raúl Ruiz en Diálogos de exiliados (1974) y como realizador en Los trasplantados (1975), con la cual obtiene el premio especial del jurado en el Festival de Thono-les Bains. Esta última plantea el tema del exilio desde un ángulo muy diferente pero acaso complementario con la película de Ruiz. Filma además varios documentales sobre la integración del pueblo gitano en Madrid (1981-1984). De regreso a Chile, abandona la labor cinematográfica y se dedica principalmente a dictar clases de historia del cine y al trabajo profesional en productoras audiovisuales. En este campo se vuelve un destacado realizador de documentales corporativos para empresas como Esso, Hotel Marriot, London International Televisión y Bellsouth, además de empresas y servicios públicos chilenos como el Servicio Nacional de Menores, Minera el Abra y el Servicio Nacional de Turismo. La mayoría de estos trabajos tienen como tema la promoción patrimonial y turística de Chile, sus habitantes y costumbres. (Hans Stange, extraído del “Diccionario del Cine Iberoamericano”; SGAE, 2011)