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25 de octubre, 45 años latiendo juntos (Corto documental)

Revive lo que fue nuestra Fiesta Aniversario 45. En esta pieza audiovisual encontrarás los mejores momentos de este encuentro: testimonios de los protagonistas, la visión de los vecinos, artistas, talleres, músicos, la procesión de la Patrona y el mercadillo de emprendedores.

El corto documental realizado por nuestro vecino Gonzalo Silva Valdés, retrata el antes, durante y después del festejo. Simplemente no podrás dejar de verlo. El realizador registró todo el proceso del festejo, con las voces de los principales gestores y articuladores del evento.

 

Una de las motivaciones que siente Gonzalo para trabajar en este registro es “darle el carácter patrimonial a nuestro barrio”. Gran parte de su estadía ha sido registrar los momentos de la Comunidad, lanzamientos, eventos, fiestas, asambleas, entre muchas actividades de la vida misma están atesoradas como un gran banco de imágenes de la comunidad.

“Para mi fue muy significativo el hecho de poder registrar esta fiesta de los 45 años, porque es un evento que toda la Comunidad esperaba. Hace mucho, casi ocho años que no teníamos una de esta envergadura. Con anterioridad hubo pequeños atisbos de fiesta, pero no del tamaño de esta última celebración”.

Agrega que al ser una fiesta de carácter patrimonial se siente llamado y comprometido, ya que en su opinión este barrio “es un aporte a la ciudad en todo sentido, pero principalmente en el ámbito cultural, pues muchas de las personas que viven aquí pertenecen a esa esfera y ese es nuestro principal valor, más que el ecológico”.

“Quise darle un rostro al valor de nuestros vecinos, a todos quienes participaron y trabajaron comprometidos. La gente tiene que saber que nosotros abrimos nuestras puertas para ser visitados y convocar a nuestros vecinos a ser parte de la celebración, Lo Hermida, El Barracón, La Faena, donde también pudieron mostrar lo que hacen, las arpilleras, la medicina ancestral mapuche, la poesía”, agrega.

Un trabajo alucinante, comunitario y de tanto amor y cariño por nuestro territorio. Sigamos latiendo juntos, llenándonos de abrazos fraternos y respirando comunidad.

 

Ha llegado carta

Agradecemos los buenos comentarios de vecinas y vecinos sobre la edición anterior de nuestro boletín El Espino.
Esperamos tus comentarios y te invitamos a proponer temas que te interesen, a compartir narraciones e imágenes, para que sus páginas se llenen con la voz de todas y todos.

Escríbenos a: comunicaciones.comuecologica1@gmail.com


“Quiero felicitar a todas/os que hicieron esta edición del Espino. Maravilloso trabajo”. (Petra Albutz, WhatsApp, 12 de noviembre).

“Preciosa editorial. Gracias”. (Erika Salazar, WhatsApp, 12 de noviembre)

Me encantó la historia de la familia Riesen”. (Jo Arriagada Moren, Facebook, 13 de noviembre)

“Gracias por esta estupenda publicación que nos mantiene informados y unidos. Gracias por el bello y valioso editorial. Gracias por la existencia de Marcus y Tere, dos personas excepcionales que tenemos la suerte de conocer y compartir. Gracias por haber tenido entre nosotros al mítico Héctor Noguera. Gracias a Gabriel y todos los vecinos que se ocuparon de la fiesta y se esfuerzan y trabajan por y para todos nosotros. Gracias por todo”. (Vivianne Mendy, Correo electrónico, 14 de noviembre)

“Me gustó este número porque estaban buenas la entrevistas, había profundidad en las historias, y sobre todo, lo importante que se haya retomado “El Espino” como medio para estar conectados, comunicando, que es fundamental para la convivencia de los vecinos, para generar diálogo, para establecer puentes que nos ayudan a conocernos… super interesante la propuesta del “Espino””. (Gonzalo Silva, WhatsApp, 18 de noviembre)

Llevo poco tiempo viviendo en esta comunidad, pero gracias a la revista El Espino he podido conocer la diversidad de iniciativas y proyectos que aquí florecen. Lo que más valoro es la posibilidad de registrar y compartir la vida de pueblo que se vive al lado de la cordillera: un ritmo propio, lleno de encuentros, de colaboración y de un profundo respeto por nuestro entorno. Dejar constancia de estas acciones no solo fortalece nuestra identidad como comunidad, sino que también contribuye a la protección de la flora y fauna que nos rodea. El Espino se convierte así en un puente entre lo que somos, lo que hacemos y lo que queremos preservar para las generaciones que vienen. Estoy agradecida de formar parte de este territorio vivo, que se cuida y se celebra en cada edición de la revista. Gracias a los que hacen posible que la revista pueda entregarnos tanto”. (Pamela Ramírez, correo electrónico, 9 de diciembre)

Breves

Encuentro en Las Estrellas

El sábado 13 de diciembre se vivió un significativo encuentro vecinal en camino Las Estrellas. La instancia fue organizada por un grupo de vecinas y vecinos con el objetivo de conocerse para impulsar una nueva gobernanza comunitaria.

 

La jornada comenzó al atardecer. Vecinos y vecinas participaron activamente en actividades de venta, intercambio y trueque, compartieron alimentos, experiencias y también momentos de celebración. Las Estrellas se transformó en un espacio de encuentro y convivencia, donde incluso hubo baile y música, fortaleciendo el sentido de comunidad y pertenencia.

Para Ximena Maruri una de las organizadoras: “Estamos tratando de promover conocernos, en su mayoría somos vecinos antiguos que, motivados por la inseguridad –robos y portonazos– nos empezamos a organizar. Somos cinco o seis personas buscando una forma de convocar para que los vecinos se unan y se conozcan. El encuentro es una excusa para conocernos. Hicimos una ronda donde se presentaron, que fue larguísima. Este es el puntapié inicial, porque la idea es hacer otras instancias lúdicas con el mismo trasfondo”, indicó.

Por su parte Paulina Costa, también organizadora de la actividad, valoró la convocatoria y la voluntad de encontrarse. “De alguna manera el hecho de estar al borde de la Comunidad hace que tengamos necesidades bastante comunes. A veces tiende a generar una sensación de distancia con el resto de la comunidad, pero la intención es tratar de vincular a los vecinos a la idea de la nueva gobernanza con esta participación y organización más de base con estas vocerías de vecinos organizados en cada una de las parcelas y hacer llegar a la JJVV los espacios de colaboración con iniciativas”.

Como indica Paulina, más allá de la actividad recreativa, la iniciativa fue la excusa perfecta para avanzar en la organización comunitaria, generar vínculos entre quienes habitan el sector y sentar las bases de un trabajo a largo plazo. 

Desde la organización destacaron que este tipo de instancias reflejan el espíritu de la Comunidad Ecológica: un territorio vivo, participativo y comprometido con el bienestar colectivo y el cuidado del entorno.

Sobre las impresiones del encuentro, Ema estaba muy entusiasmada. “Ha sido una instancia muy agradable, hoy conocí a mucha gente que en cuatro años no había podido conocer. Nosotros estuvimos mucho tiempo de “caseros” porque nos entraron a robar, éramos conocidos por lo que nos había pasado, pero con instancias como estas, podemos conocer a quién está al lado, qué le está pasando o cómo podemos ayudar”.

Sobre lo que viene, desde la organización indican que esperan poder organizar nuevos encuentros el próximo año y para Las Estrellas, en el marco de la nueva gobernanza, hacer un censo del camino, poder georreferenciar y levantar información importante como cantidad de habitantes, edades, problemas de movilidad, piscina, entre otras informaciones.

Encontrémonos en Las Estrellas marca un paso importante, reafirma el potencial convocante a las iniciativas vecinales, el sentido de pertenencia del territorio, la ocupación amorosa de nuestros espacios públicos como la Plaza del Buen Amigo, la organización y celebración compartida.

 

Cierre negociaciones con La Reserva

De acuerdo a la votación realizada en nuestra última asamblea de fecha 26 de julio 2025, nos fue mandatado negociar con el Condominio la Reserva la posibilidad de tener accesos bidireccionales y libres para ambas comunidades, entrando y saliendo indistintamente por Antupirén 9401 o por Camino La Tierra desde y hacia Antupirén. Lo anterior en el entendido que para nuestra Comunidad es deseable contar con un segundo acceso dados los atochamientos en portería en las horas punta.  

Después de varias reuniones y búsqueda de beneficios mutuos, los vecinos representantes de la Reserva definieron someter a votación la alternativa de libre circulación de la Comunidad Ecológica por Camino La Tierra desde y hacia Antupirén.

Los resultados de la votación fueron:

  • Universo de casas encuestadas: 29
  • Votantes efectivos: 24
  • 87% votó que no, es decir, se opuso a la circulación de la Comunidad Ecológica por el Camino La Tierra.

Este acceso ya se encuentra bloqueado para los residentes de La Reserva, y con este resultado no podrán acceder por nuestra portería residentes, visitas ni clientes de la inmobiliaria.

Actualmente estamos en la evaluación de factibilidad de que ese camino quede eventualmente como entrada y salida de emergencia para ambas comunidades. 

Este no es el escenario que esperábamos, pero es prerrogativa de los vecinos de La Reserva autorizar o no ese paso. Por nuestra parte seguimos trabajando en la búsqueda de soluciones viales que permitan descongestionar el acceso por portería. 

 

Imágenes, memoria y patrimonio barrial

 

Tenemos abiertos todos nuestros canales para que nos compartas tus fotos que muestren nuestro barrio, su gente e identidad, flora y fauna, actividades. Todo lo lindo que somos (fuimos y podemos ser). 

Si quieres mostrarnos tu forma de ver la Comunidad, mándanos tu foto con una reseña o un texto contando cómo lo conseguiste o qué fue lo que te motivó y lo incluiremos en el pie de foto, más tu nombre. 


comunicaciones.comuecologica1@gmail.com

 

 

 

Haz tu parte. Sé como el colibrí

 

Una antigua leyenda indígena cuenta que, hace mucho tiempo, un gran incendio arrasó la selva. Todos los animales huían para salvarse, mientras el fuego avanzaba sin control. Desde lejos, un jaguar observaba con asombro cuando notó que un pequeño colibrí volaba en dirección contraria: iba del río al fuego una y otra vez. En su pequeño pico llevaba gotas de agua, que lanzaba sobre las llamas.

El jaguar, intrigado, le preguntó:

–¿Qué haces, colibrí?

–Voy al río, recojo agua y la echó sobre el fuego –respondió.

–¿Estás loco? ¿Crees que con eso vas a apagar el incendio?

El colibrí respondió con calma:

–Sé que no puedo apagarlo solo. Pero este bosque es mi hogar. Me da alimento, abrigo y vida. Yo soy parte de él, y él es parte de mí. Estoy haciendo mi parte.

Entonces los espíritus del bosque, conmovidos por su esfuerzo, enviaron un fuerte chaparrón que terminó con el incendio.

Nuestra comunidad también enfrenta desafíos. No hay incendios, pero sí necesidades que requieren del compromiso de todas y todos: seguridad, limpieza, mantenimiento, administración. Y lo cierto es que en noviembre hubo una baja en el cumplimiento de los pagos comunitarios. ( Ver gráficos)

En octubre, 461 de las 845 casas de la comunidad realizaron su pago, es decir, apenas un 51% del total. En noviembre, esa cifra bajó a 434 hogares: 27 vecinos menos cumplieron con su contribución. Además, las casas con pagos atrasados aumentaron de 39 a 67, y las viviendas que no pagan se mantuvieron prácticamente igual: de 345 a 344. 

Esto significa que poco más de la mitad de la Comunidad está sosteniendo los servicios que usamos todos. Cada vecina y vecino que deja de pagar genera un vacío que simplemente afecta los servicios que todos compartimos y necesitamos.

Te invitamos a revisar el Protocolo de Gastos Comunitarios y los informes económicos mensuales, donde detallamos en qué se utilizan los aportes. Y también a estar atento a la propuesta de regularización de deudas, que compartiremos próximamente, pensando en quienes desean ponerse al día.

La fábula del colibrí resalta el poder de la perseverancia, la responsabilidad individual y el trabajo colectivo, mostrando cómo pequeñas acciones pueden generar un gran cambio.

Como el colibrí, cada uno puede hacer su parte. 

Tu aporte, por pequeño que parezca, hace la diferencia.

Haz tu parte. Sé como el colibrí.

 

El lente de Tomás Munita: libertad e instinto

Más de 25 años de ejercicio profesional, más de 15 premios internacionales y cuatro World Press Photo, Tomás Munita siempre prefiere desaparecer, le acomoda no hablar el idioma de donde tiene que ir a trabajar, porque puede escabullirse y ser invisible. Con los tiempos acotados ya prepara su próximo viaje de trabajo a Afganistán y, durante febrero, Residencia itinerante será una experiencia fotográfica documental para enseñar a quienes lo acompañen.

 

“Llegamos a la Comunidad para echar raíces”, cuenta el fotógrafo Tomás Munita ganador de varios premios internacionales. Venía de vivir en diferentes países, pero con su pareja, una hija pequeña y otro en camino ya era tiempo de parar, asentarse, “compramos un terreno y construimos una casa”.

Su vida en la Comunidad es de tranquilidad y encuentro, de descanso y desconexión, aunque tiene algunos amigos y participa en iniciativas de vecinos, prefiere la calma porque siempre está preparando un nuevo viaje. En este nuevo regreso al barrio, luego de un tiempo en Pucón, compartimos su forma de ver a través del lente de Munita.

¿Cómo llegaste a dedicarte a la fotografía?

Yo estudié fotografía pensando que iba a ser publicista. Decidí estudiar fotografía el año 94. Salí el 93 del colegio y lo decidí en enero del 94. Ya tomaba fotos y pensaba que las posibilidades de trabajo estaban en la publicidad. Trabajé como asistente para un fotógrafo publicitario una vez y me prometí no volver a considerar la publicidad como opción laboral. Me cargó. Me cargó rotundamente, la eliminé de mis posibilidades. Nada en contra de los publicistas, pero a mí no me gustó. Entonces tuve la suerte de hacer la práctica un par de años en La Tercera, y ahí descubrí el fotoperiodismo y me encantó. 

En esa época había diarios de papel y se vendían

Claro te estoy hablando de una época donde había fotoperiodismo. Cuando había fotos en los diarios y eran parte del contenido. En esos años El Mercurio tenía alrededor de 45 fotógrafos. Ahora creo que tiene tres. Esto es una realidad que pasó en todos los medios. Bueno, yo estaba en La Tercera y renuncié. Tenía un ambiente laboral bastante tóxico en ese momento. Después trabajé en El Metropolitano y también renuncié. Me contrató la agencia Associated Press, que estaba de base en Panamá. Me llevaron a Panamá y ahí empecé a cubrir noticias internacionales. 

¿Te mandan a un tema específico o tú eliges qué cubrir?

Si, pero siempre ligado al periodismo. Por ejemplo, vas al funeral de Fidel. Pero en ese funeral no hay solamente fotos del funeral de Fidel, hay otras cosas que van por fuera de la noticia o del hecho que van construyendo. La sociedad va pasando, cómo es la gente, el lugar. En ese espacio ocurre un salto, pues te mandan a algo específico, pero tú vuelves con la visión de otro lado. 

¿Podrías explicarlo?

Yo creo que siempre fue mi opción. Es muy limitante ir a un puro lado, ir a una noticia y cubrir sólo lo evidente. ¿Qué era lo que pasaba? En los medios te mandaban a una conferencia de prensa sobre un tema, en lugar de mandarnos a ver el tema. Entonces yo siempre he creído que las historias son mucho más, más amplias que sólo la posibilidad de fotografiar directamente el hecho o el acto. Un reportaje mucho más profundo. Un ensayo visual tiene más aristas, más posibilidades, más matices. Siempre hay que buscar más. Además, eso es lo lindo de los reportajes. No es una foto o dos, sino que te puedes explayar. Vas a reportear realmente o eso es lo que yo hago. No voy a ilustrar una nota. Yo voy a ver de qué se trata lo que estamos hablando. Voy a hacer una investigación, un reporteo.

Vas sin pauta, en plena libertad, en estos tiempos…

Y lo bonito es que, al menos donde yo trabajo –en el Times, la National Geographic y para un montón de medios de afuera, pero principalmente para esos dos– tenemos total libertad. 

¿Por qué ocurre eso? 

Porque ellos no saben de qué se trata lo que uno va a ver. Porque esa es mi pega. Ir a reportear, ir a observar. Entonces, si yo llego a un lugar –por ejemplo, las elecciones en El Cairo, en Egipto– no tengo idea en profundidad, solo me hago una pincelada básica. Pero yo no conozco la historia de cada candidato. Y no pretendo hacerlo, tampoco el periodista. Si el periodista escribe, yo voy a tomar el pulso en la calle.

¿No te topas con la pega del periodista?

No, pues yo me guío por un ambiente, o sea, por un instinto muy visual, siempre ligado a la situación política, por supuesto. Tuve una conversación con el periodista y entiendo más o menos el movimiento, la danza que significa entre estas distintas fuerzas, la esperanza que hay en alguno, la opresión, si es el caso. Las distintas temáticas las entiendo y soy capaz de encontrar los signos de eso en la calle, visualmente. Entonces, en ese sentido nadie me puede pautear al respecto. Mi editor en Nueva York quizás sabe lo mismo o menos que yo. Me empiezo a guiar por instinto o tomo algunos puntos de partida, como alguna marcha política, algún lugar importante, me voy a parar frente al Palacio de Gobierno o a la Escuela Militar. Me muevo, me muevo, veo los letreros, veo a la gente, veo las actividades. 

De las muchas tomas que haces para tus reportajes e historias, ¿cómo sabes qué imagen queda fuera?

Para mí eso es leer a través de la imagen, a través de la visión. A diferencia de lo que significa –la palabra fotografía es escribir con luz–, para mí es leer con luz. Esencialmente es entender los significados de las cosas a través de la visión. Y cuando uno está tomando fotos en un reportaje, uno está constantemente registrando lo que para uno tiene sentido, sin cuestionárselo mucho. Sencillamente se registra, se documenta. No te voy a decir a todo, pero todo lo que a mí me significa o me produce algo en el momento, sin dudar, lo fotografío. Trato de componer bien y estoy atento a la luz, a los detalles, a las texturas, al color, a los gestos, a las emociones. Después viene la selección y ahí uno empieza a organizar y a darle la posibilidad a estas imágenes de que expresen algo. Porque pueden ser más de mil fotos y dependiendo de cómo las seleccionas, cambias totalmente el relato, o sea, lo defines totalmente. 

Esa persona que define posee un lenguaje capaz de comunicar multiculturalmente, ¿cómo te das cuenta de ese talento?

Es que eso es lo lindo. La fotografía es un lenguaje y cualquiera lo lee. Es una fuerza muy especial que tiene, no necesita traducción. Se lo puedes mostrar a un niño, a una anciana, a una persona de cualquier lugar del mundo y se va a enfrentar a lo mismo. Lo va a leer de manera diferente. Pero el lenguaje es el mismo. Y eso es muy bonito. Efectivamente, yo me porto a mí mismo en todas las situaciones y por lo tanto, hay como un sesgo. La búsqueda de la realidad que estoy relatando, no es totalmente objetiva, soy yo tomando la decisión. Lo que sí puedo decir es que como documentalista todas mis fotos son absolutamente verídicas. Yo no muevo ningún objeto. Yo no le digo a nadie que haga nada a menos que sea un retrato. El retrato tiene otra lógica.

¿Encuentras que eso pasa?

La prensa chilena es terrible. Todos parecen directores de arte. Los fotógrafos hasta en las marchas, en las protestas, le están diciendo a las personas qué hacer. Mira para allá, levanta letreros, grita. Eso es no entender el periodismo. Realmente el valor documental de lo que estamos haciendo es mucho más importante que la imagen. Con nuestro crédito debajo hay un valor documental. Hay algo que después, con los años, cobra valor porque vamos a poder presenciar qué era lo que estaba pasando ahora. Si el fotógrafo lo manipuló ya debiera estar en ilustración, que es otra área. No es prensa.

 

Kabul, Afganistán. 2005

Kabul-Afganistan.-2005

En una entrevista que diste por uno de tus premios, dijiste que las experiencias fotográficas más bellas son las que vives, ¿a qué te refieres?

Me refiero a los viajes a la libertad que nadie está esperando fotos. Recordar y añorar aquellos viajes en que lo que me movía para fotografiar era nada más que mis propias ideas, proyectos y sueños. Bueno, ahora lo sigo haciendo. Estuve como cuatro meses en los Himalayas con los nómades en la meseta tibetana; pero hace años estuvimos en India con mi pareja trabajando ahí. También llevo 12 años viajando a la Patagonia. Más de la mitad de las veces es por mi propio interés de reportear. Llevo años trabajando en los canales de la Patagonia. Cuatro años documentando el desastre de la industria salmonera. Nadie me lo ha encargado. Trabajé tres años en otro proyecto sobre la muerte del río Loa, que lo terminé publicando en New York Times, en Geo, en varios lugares. Llevo también algunos viajes a Bolivia, a Perú por el tema de los textiles andinos. Yo intento buscar mis cosas y realizarlas.

¿Armas los reportajes y los vendes después?

Cuando viajo voy a producir también. Es mi trabajo, si no lo hago desaparezco profesionalmente. Un fotógrafo tiene que producir, necesito producir y tengo que invertir. Créeme que puedo viajar de manera muy económica, sencilla y me encanta. Entonces produzco material y cuando vuelvo dialogo con la revista y siempre me preguntan si tengo algo nuevo. Los editores van cambiando, pero yo mantengo tres o cuatro a los que les muestro.

¿En qué tema estás trabajando de manera personal?

Personalmente me interesan más los temas medioambientales. Actualmente estoy haciendo el tema de la industria salmonera donde he invertido tiempo y muchos recursos, porque me interesa hacerlo. De repente lo voy a publicar.

¿Te has juntado con fundaciones como Greenpeace o Tompkins para ofrecer algo así?

Estas fundaciones o marcas como Patagonia hacen documentales y bastantes buenos. Yo nunca me he acercado a ellos y la verdad es que no he trabajado con activismo directamente. Me trato de mantener siempre en el lado del periodismo, más neutral, a pesar de que obviamente tengo mi opinión. No es activismo lo que hago. Y eso tiene ventajas y desventajas, pero es mejor escuchado si yo aparezco con un reportaje.

¿Más credibilidad?

Claro. Es muy fácil descartar los reportajes hechos por activistas en vez de los realizados por medios neutrales. Por ejemplo, si publico mis fotos del reportaje de la industria salmonera en el New York Times, yo sé que va a haber una investigación seria detrás. Habrá una investigación de periodista que empezará a entrevistar a las personas que aparecen en las fotos, no sé. Y uno tiene que estar dispuesto a eso, a que me pidan mis fotos. Si tengo una determinada escena que puede ser crítica, tengo que estar dispuesto a mostrar todo el material de ese día, todo lo que yo hice, todas las fotos antes y todas las fotos después; mostrar los archivos originales sin el retoque de color, sino el revelado. Eso es periodismo. Yo tengo que estar dispuesto a mostrar cómo llegué a eso. 

Hoy en día no se pide la fuente, harto “truqueo” con IA

Claro, cuando no es periodismo no se pide nada, no se busca. La cantidad de cosas que salen en Instagram o Youtube, ponen lo que quieren. Esa es la principal competencia para mí y mi medio –Instagram para el New York Times–. La gente ahora lee la noticia a través de esas redes sociales, no a través de medios de prensa, directamente.

Los proyectos del futuro

Extracción de guano. Perú. 2008

Extracción de guano. Perú, 2008

¿Qué se viene ahora para Tomás Munita?

Me voy a Afganistán y en febrero tengo “Residencia Itinerante”. Esta residencia de fotografía documental, donde voy con un grupo de personas a pueblos andinos de Perú, en dos fiestas religiosas que confluyen. Es bien interesante, en realidad. Una religiosa. La otra del carnaval de Huaraz, la Cordillera Blanca en Perú. Entonces van a haber mil escenas para fotografiar. Yo guiaré desde la edición.

¿Operar desde las sombras?

Habrá dos personas tomándole una foto a una misma persona o hecho. Y para mí, parte del arte es saber fotografiar sin intervenir la situación. Entonces hay tanta reacción a lo que uno hace, que interviene en lo que sucede. Por eso, hay que lograr enseñar la manera de fotografiar, permitiendo que las personas vuelvan rápidamente a su estado natural. 

¿Cómo llegar a eso? 

Cuando yo edito el material, cuando veo las fotos que ellos toman, puedo entender la relación del fotógrafo con el sujeto. Yo veo todo el proceso, todas las fotos que toma hasta que se va. Y me doy cuenta en qué momento la persona se relajó, se olvidó y a veces, si el fotógrafo estaba sincronizado con eso o no. Se enseña cómo entrar al lugar, hacer fotos, permitir que se suelten, hacer sonar la cámara básicamente hasta que se acostumbren. Y ahí recién empieza tu trabajo. Esa es una manera de hacerlo. Y en una fiesta es mucho más fácil.

Hay mucho escenario, ¿tú también tomarás fotos?

No creo que yo alcance a tomar fotos, yo estaré atrás, seré como un coaching. Lo que sucede en terreno es la mitad, después viene el trabajo de selección, que lo haces mientras está sucediendo todavía afuera. Entonces sale en la mañana, toma fotos, vuelve, seleccionamos, pensamos cómo continuar, qué estamos haciendo bien, qué estamos haciendo mal y volvemos a tomar fotos y después volvemos a seleccionar el mismo día. Entonces es como jugar un partido de fútbol de siete días. Realmente es un entrenamiento. 

Esto que sucede en un escenario de fiesta, ¿tú lo vives solo como profe o te quedas muchos días y empiezas a conocer a la gente? ¿cómo te sacas la carga de los temas?

Todos los temas, todas las culturas, todo es diferente. Muchas veces –como esa foto de la ofrenda a la Pachamama–, nadie me conoce, nadie me abre la puerta realmente, porque tampoco tengo el tiempo, a pesar de que trabajé tres años en ese tema. Muchas veces no generas un vínculo personal, pero lo que busco es desaparecer rápidamente. Y que yo sea un tipo que está ahí, como entre invisible y visible, pero que nadie entiende, que es poco interesante. Porque si se me ponen a hablar me quedo pegado en conversaciones. Y yo quiero tomar fotos. Ahí soy muy serio al respecto. Yo quiero, yo necesito fotografiar mucho más que pasarme grandes tiempos conversando. Me es muy cómodo no hablar el idioma, por ejemplo, porque no tengo que hablar, no pierdo tiempo hablando. Cuando trabajo en Chile me cuesta porque la gente quiere conversar y tú tienes que ser respetuoso, y tienes que explicar quién eres también, y hablar de la temática. Y toma muchísimo tiempo. Yo prefiero rápidamente desaparecer. 

¿Cómo crees que va a afectar estos procesos políticos en el trabajo del fotógrafo en Chile? 

Más allá de la política o la economía, lo que cambió fue el paisaje. ¿Cuál sería la palabra del periodismo? ¿O sea, realmente se hace periodismo de otra manera? Hay muy pocos fotógrafos trabajando en lo que yo hago. Hay que buscar otro modelo de hacer historia, porque vivir de encargo está muy difícil. Yo tengo la suerte de estar todavía ligado a dos medios que no se han achicado tanto. El New York Times y la National Geographic. Todo el resto se achicó.

No sé cómo lo van a hacer mis colegas. Está difícil. Obviamente que se achica el espectro de posibilidades y es una lástima.


Conoce más de su trabajo en www.tomasmunita.com y también toda la información de las residencias itinerantes sobre fotografía documental.

 

Percy Matas: “La Comunidad la hace su gente”

El cineasta es un hombre de muchas vidas y distintos mundos. Cuenta su vida como una película, donde se acuerda con un nivel de detalle envidiable. Llama la atención la forma cómo relata lo que vive, destacando sensaciones, anécdotas, y cómo vive la comunidad y su gente cada día.

Percy tiene ese imán para quedarte hablando con él horas, porque tiene historias para regalar. Llegó a la Comunidad hace 30 años aproximadamente, le compró la mitad del terreno a una amiga, si bien no lo compró tan barato como los fundadores “que tuvieron el privilegio de llegar primero y descubrieron el cuento”, construyó la casa y en julio de 1996 se vino con esposa e hijos. Desde entonces no se movió más. 

Casado tres veces –aunque no le gusta el matrimonio–, “pero antes era muy necesario por los niños, menos mal que ahora ya no”, dice. Vivió en el mismo departamento que Orson Welles y tuvo una importante participación política en la conformación del partido instrumental, el Partido por la Democracia, PPD. Actualmente vende vinos, con asesoría incluida.

Los reconocimientos han sido más internacionales que nacionales. Ha entregado sus películas al Museo de la Memoria, a la Cinemateca Nacional y a la Universidad de Chile, donde ha sido mencionado en estudios y citado en libros como parte de la historia del cine chileno. Hoy más alejado de las cámaras y producciones vende vinos al llamado. Tiene una página, pero funciona por datos entre vecinos y las sesiones en el Expreso Imaginario donde se puede probar las distintas cepas por copa. 

 

Vas a cumplir 30 años en la Comunidad. ¿Cómo llegaste aquí?

Es bastante tiempo (ríe). Desde que llegué de Europa –antes del término de la dictadura el 84– viví en Lastarria, luego en Providencia y después ya nos vinimos para acá. Fue una oportunidad que tuvimos cuando una amiga vendió parte de sus 4.000 metros y justo en ese momento me cayó una plata de Europa. Más que nada porque comprar un sitio más la casa era mucho más barato que adquirir una casa de 70 m2 en La Florida. En ese tiempo no era tan caro. Los precios empezaron a subir desde 1991, cuando volvió la democracia. Antes nadie tenía ni un 20. Cuando vivía en Lastarria, pagaba 15 mil pesos de arriendo y ganaba 20 mil en la revista Cauce. En esa época yo era el encargado del segmento de cultura en la revista.

¿Eso era poco? ¿O era muy alto el arriendo?

Era poco o medio, porque todo el mundo vivía con lo justo y los sueldos eran una ridiculez de bajos para los que tenían pega, no les alcanzaba para nada. 

¿Con casi 30 años viviendo aquí, qué es lo que valoras de la Comunidad?

La Comunidad la hace su gente. Lo que más valoro es su ambiente. Yo viví 14 años en París, siete años en Madrid y viajé bastante por Europa. Entonces yo le puedo decir que nunca vi un lugar como la Comunidad Ecológica. Por ejemplo, Garros hace su jam session los días domingo, y la gente va y se toma un vaso de vino, mientras escucha jazz y hasta baila. Me acuerdo hace un tiempo atrás llegó un tío con cara de despistado con la mujer; venían de El Sol y escucharon música. Yo estaba detrás del mostrador con los vinos. Se me acercó y me dijo “Oye, disculpa ¿qué es esto? ¿una jam session?”. Luego compró una copa de vino y se sentó, y lo pasó increíble. Es eso, una casa grande, justamente increíble. 

El ambiente que hay es muy grato, muy suelto. Por ejemplo, ahora en la mañana fui al banco –que tampoco queda tan lejos–, regresé y fui al café, un café de autor al aire libre, es precioso el Microcafé. Llegas a una mesa y hay un amigo o algún vecino que tiene que ver con tu mundo –en mi caso un audiovisual, un fotógrafo o cualquier otro vecino–. Te sientas en una mesa con siete personas, puedes conversar con cinco perfectamente y con las otras dos también, porque hay mucho en común. Y si no hay espacio, alguien te dice “siéntate con nosotros”, y no te va a molestar compartir y puedes no tener cuidado con lo que vas a decir o no vas a sentir que molestas, porque todos nos conocemos. Esto no te pasaría en Europa ni en ningún lado.

¿Alguna experiencia de este tipo en Europa?

Yo vivía en Madrid. Llegué a Madrid a hacer una película. Pero la película no se hizo por problemas de producción. Pero durante un año me estuvieron pagando. Y me dieron un departamento que hacía una semana que lo había desocupado Orson Welles. Welles trabajando con la misma productora mía y se notaba que había estado en los muebles, era una persona de gran envergadura física.

Después me cambié de productora con otra película y también me empezaron a pagar, arrendaba un departamento de dos ambientes a un precio caro. Conocí a Erich Schnake –político y fundador del PPD– y me dijo que se había ido al Escorial, un pueblo cercano a 45 minutos de la ciudad. Los precios eran similares, pero por una casa con piscina, jardines, espacios grandes. Ahí nos fuimos con mi hijo, había varios chilenos, como Sergio Castillo, el escultor, Raúl Valdivieso también escultor y varios artistas, escritores y también algunos argentinos. En ese pueblo había comunidad y nos estábamos viendo y visitando permanentemente. Lo pasamos muy bien.

Percy el político

 

A su regreso a Chile el año 84, aún era militante del Partido Socialista y recibió el llamado de un compañero de filas, Ricardo Núñez “nos encargó a mi y a otro compañero armar el PPD en Providencia”.

Pero Núñez no se cambió al PPD, ¿qué hiciste con el llamado?

El PPD era un partido instrumental para todo lo que significó el regreso a la democracia y todo funcionó muy bien hasta que cayó la dictadura. Yo tenía gente de los liberales, de esa derecha antigua inscritos en el PPD, pues había mucha gente que no quería estar en un partido clásico. Y muchos siguieron. Yo tengo muchos amigos que siguen en el PPD.

Pero después no seguiste la carrera política, ¿te habría gustado tener un cargo representativo?

No, para nada. Nunca se me ocurrió siquiera, pero los de Peñalolén pensaban que sí. Esa es la única queja que tengo desde que llegué a Peñalolén. Cuando llegué aquí pedí en el partido tomar contacto con los que vivían en la comuna, pero no me pescaron ni en bajada. Y después un amigo que era dirigente me dijo “a la gente no le gusta que venga gente nueva a cortarle el pasto”. Nunca se me había ocurrido presentarme como candidato a regidor, concejal, qué se yo. Quizás había un cierto temor que yo era una persona que había salido en la prensa por las películas y pensaron que este personaje le podía hacer sombra en lo suyo y acá el partido PPD prácticamente no existe. Esa fue mi historia política.

Percy el vendedor, la familia y el cine

 

Registro de filmación de Los trasplantados del director Percy Matas, 1975. (Imagen Fundación Nemesio Antúnez)

Registro de filmación de Los trasplantados del director Percy Matas, 1975. (Imagen Fundación Nemesio Antúnez)

 

¿Cómo llegaste al cine?

Cuando tenía 17 años me fui a vivir con mi mamá, mis padres estaban separados hacía muchos años. Seguí yendo al colegio, primero al Patrocinio y luego a otro, y después me puse a trabajar. Nunca fui muy estudioso, nunca lo mío. Así que me puse a trabajar. 

¿A qué te dedicabas?

Irónicamente era vendedor de líquidos de permanente en frío (lo que se utilizaba en peluquerías). No le hacía tan buena propaganda, pero me iba bien. Después trabajé en diferentes cosas. Vendí maquinaria también y cuando salió Alessandri mi mamá me ayudó a conseguir un trabajo en LAN, porque yo quería ser sobrecargo. No aspiraba a ser piloto porque sabía que había que estudiar mucho. Pero me tincó ser sobrecargo. Era empleado público, el sueldo era bajísimo –aguanté como un año y medio–. Era un sueldo vital, lo que ganaban todos los empleados recién entrados y no alcanzaba para nada. Después me ofrecieron una pega para vender repuestos de autos y otras más, en ventas también.

Tenías buen convencimiento para vender

Sí. Y funcionó bastante bien. Finalmente, un amigo mío, Joaquín Falabella, compañero del Grange School cuando éramos chicos, me lo encontré y me dijo. “Tú eres buen vendedor. ¿Por qué no te pones a vender muebles?”. Y me puse a trabajar con ellos que pusieron una mueblería en Providencia con Los Leones. Y pasaban anécdotas, como cuando vi a la Paulina Viollier cuando pololeaba con Carlos Altamirano, entrando a los edificios en Tajamar. Después los conocí en España y les dije “yo te vi entrando a las Torres de Tajamar” y estallaron las risas, ya estaban casados.

¿Y cuándo te fuiste a Europa? ¿cuándo el cine?

Trabajé ahí un buen tiempo. Entremedio me peleé. Estuve trabajando con Enrique Villegas, que tenía una mueblería justo en la esquina de Merced con Victoria. Un día el muchacho que trabajaba ahí contestó el teléfono y me dijo “lo llaman de Francia”. En ese tiempo los llamados internacionales eran una epopeya. Primero, porque se oía pésimo. Segundo, porque costaban una fortuna. Voy corriendo al teléfono. Era mi hermano y me dice “oye el papá está mal, tiene un tumor, tienes que venir”. Esto fue en el año 69. Compré el pasaje con la venta de una camioneta y me fui en lo más barato posible, en un chárter del Instituto Chileno Francés que era una buena alternativa. Estaba dos meses allá y me volvía. Todo bien. 

Me subí al avión. Fue muy entretenido el viaje, porque me tocó de compañera de asiento en la Marta Rial, la mamá de Gumucio. Era divertidísima, muy entretenida. Yo tenía 29 años y ella tenía unos 56, pero como si fuera de 19 años, muy fiestera. Mantuvo a todo el avión entretenido. Llegué a París y para mi sorpresa, no había nadie esperando. No llegó mi papá, no llegó mi hermano. 

¿Dónde estaban, qué hiciste?

Llegué a la dirección al lado de los Campos Elíseos, en una callecita chica paralela. Un edificio relativamente moderno para lo que son los edificios de París, que son todos de 1900. No había nadie. Era domingo por la tarde. Entonces entré a un café, pedí un café con el francés que tenía, que era como de Tarzán. Le expliqué que venía llegando de un viaje y que andaba con la maleta y que no podía andar caminando. Si se la podía dejar.

Así que por lo menos ya no andaba con maleta. Hacía un frío de cagarse ya que había nevado un par de días antes, pero yo andaba con abrigo. Pero sin botones, porque el abrigo lo saqué de la tintorería justo antes de irme al aeropuerto y ya habían perdido los botones. Me metí a un cine, me metí a un teatro, vi una obra de teatro y después me fui al departamento de mi papá. La portera me dijo “su papá y su hermano se fueron a las Islas Canarias hace como una semana”. 

¿Y qué pasó?

Yo sabía que mi hermano manejaba todas las cosas con el consulado de Chile, así que me levanté tempranito en la mañana, salí, tomé un café y luego un taxi me llevó a la puerta de la embajada. Una mansión señorial de fines del siglo XIX o principios del siglo XX, en un barrio de inversión. La chica que atendía me quedó mirando y me dijo: “¿Tú eres hermano de Juan?” –parece que tenemos el mismo aire–, “aquí tienes una carta que te dejó”. En el sobre había un pasaje para las Islas Canarias para el miércoles.

Partiste a Canarias y te encontraste con la familia ¿y tu papá? 

Mi papá estaba flaquito y mi hermano estaba bien. Pasamos unos días en el hotel. Después mi papá se empezó a sentir mal. Lo llevamos a una clínica. Tuvimos que dejar ese hotel. Los médicos cuando hay una persona que no tiene vuelta, se lo tratan de sacar de encima como pueda. A él lo habían mandado a las Islas Canarias. Los médicos del American Hospital –es como la Clínica Alemana de acá– lo habían mandado a Canarias para que respirara y tomara sol para que se pudiera reponer. Y sabían muy bien que no se iba a reponer. Y en Las Palmas nos mandaron de vuelta a París para que fuera atendido y mejor. Regresé a Chile cuando terminaron los dos meses. En Chile, al mes después mi hermano me avisó que se había muerto mi papá. Me conseguí plata y volví a París.

¿Pero qué pasó con tu vida?

Arreglamos la cosa de la herencia y decidimos volver a Chile. Y pusimos con mi hermano una mueblería en Apoquindo. Pero vino la campaña electoral del año 70 y la verdad que no anduvo demasiado bien. No anduvo como esperábamos que anduviera. Mi hermano se fue a estudiar enología a Dijon, yo me quedé en París y me puse a estudiar cine. Estudié cine durante tres años.

¿Cómo te diste cuenta que te gustaba, desde cuando la vocación?

Me gustaba mucho el cine y lo seguía con mucha pasión. Cuando estaba en el colegio Patrocinio San José, descubrí que un primo mío bastante mayor que yo, era gerente del Cine Bandera. Entonces me fui a hablar con él para entrar y mirar. Era el cine que pasaba películas inglesas. Y al poco tiempo después supe del cine Pacífico, donde daban películas francesas. Yo sin aliento. Todas las películas famosas de la nueva ola francesa me interesaron e impactaron muy profundamente.

De vendedor saltaste al cine

Yo como vendedor de cine he sido bastante mediocre. Me va mucho mejor vendiendo vino que vendiendo mis cosas de cine. Yo hice la película “Los trasplantados” con plata mía y un poco de plata que puso mi hermano. Después me iban a producir en España y falló. Me iban a producir de nuevo y volvió a fallar. En España te conseguías financiamiento por partes, distribuidores, exhibidores, productores, etc.

Pero era un tiempo importante para la industria cinematográfica. Trabajaste con Raúl Ruiz e hiciste tus propias producciones

Si claro, yo no solo trabajé con Raúl Ruiz, fui productor y actor. Y claro, luego de la dictadura había temas que interesaban o cosas que sucedían en Europa como la cantidad de exiliados y sus condiciones. Llegaban todos con lo puesto. De hecho, en mi película “Los trasplantados” hay una escena en la embajada donde se ve gente durmiendo amontonados, eso era real, no era actuación.

¿Y sobre las temáticas?

Bueno esa película habla de las condiciones que llegaban los exiliados, con lo puesto, con muchas necesidades, pero felices porque tenían vida y una oportunidad. Eso era parte de lo que veíamos todos los días, cómo se bajaban chilenos de los aviones.

¿A qué te dedicaste en Chile?

Pusimos una productora Multimagen vídeo, donde hicimos cosas bien interesantes en cuanto a proyecciones. Hicimos proyecciones sobre La Moneda, cosas muy lindas, pero eso costaba una fortuna. Ahora con la era digital, con cualquier computador picante haces esas superposiciones de imágenes. Estuve un par de años con eso, luego se disolvió y puse una productora para hacer videos de Chile para el turismo. 

En esta productora se hizo un trabajo para LAN y se grabó con un camarógrafo en todo Chile, pero era mucho material, un alto de cintas, no muy elaborado o con sentido turístico, así que dije “déjame ver lo que puedo hacer con esto”. Hice un video cortito para gente que hace negocios, un video corto con toda la información sobre Chile de 14 minutos, y lo vendimos como pan caliente.

Después fui a la “Feria del Libro” y les conté sobre el video promocional de Chile, me preguntaron si me interesaría que lo vendiéramos allí y lo dejé a consignación, y me pidieron más. Luego fui a la Feria del Disco y ahí también me fue bien. Ellos vendían mucho y estaban en todos lados. Me alegaban que era muy corto, hice uno más largo, después del norte, del sur, de bailes de Chile.

O sea full corporativo

Claro, trabajé en este último tiempo de mi carrera en videos corporativos, para mineras y turismo. Me sentía muy seguro en términos económicos, pero con la llegada de esta tecnología de bolsillo, puedes hacer cosas con el celular y con el montón de jóvenes que salen de las escuelas, ya pagan harto menos. No puedes competir. Y ahí poco a poco me fui alejando y dejando. He hecho cosas a los vecinos.

¿Cómo ves el escenario para la cultura con un gobierno de derecha?

Con todo lo que ha dicho Kast sobre la reducción del gasto fiscal está bien claro que si quiere recortar 6 mil millones de dólares, para la derecha históricamente la cultura es lo que menos le interesa. Ni siquiera a la derecha clásica, RN y UDI que sí saben vivir en sociedad. 

Yo no sé cómo va a ser con este pájaro porque es inédito, porque nunca ha dicho nada, es como Trump o Milei, que llegan a decir leseras, insultan. Como Trump que vive echándose para atrás, como por ejemplo con los aranceles aduaneros, o los insultos al gobernador de Nueva York. Dicen cosas y después se desdicen y se dan la mano. No sé qué se podría decir de este señor. 

Se dice que hay gente que está decepcionada de este gobierno

Yo no veo por dónde se puede estar decepcionado. Este es un gobierno que ha ido de menos a más. No fue pidiendo revoluciones maravillosas que dejen a todo el mundo feliz, pero si un mandato donde se ven progresos importantes sobre todo en el ámbito social. Donde nos ha representado internacionalmente de manera ejemplar. Esto es como lo que pasó con Lagos, todos decían que era un gran estadista y los más decepcionados eran los que habían votado por él, porque esperaban algo que nunca dijo que iba a hacer. Con Boric ha sido distinto, pues él llegó vendiendo una mercadería que nadie quería y que no se vendía, entonces tuvo que recular y lo hizo. Porque los buenos políticos saben recular, saben decir perdón, la embarré. Cambian ministros, ponen embajador. Y con este caballero que va a llegar al poder, no sabemos nada y desde ya te digo que los que somos de la cultura, somos los grandes perdedores. Por eso me alegro mucho no estar trabajando en la cultura de manera profesional.



Director y productor. Entre 1970 y 1974 estudia cine en la universidad de Paris VIII (Vincennes), en donde se empapa del ambiente inmediatamente posterior a mayo del 68. Allí se relaciona con cineastas de la nouvelle vague como François Truffaut y Jean-Luc Godard. Se radica en Europa hasta 1985, realizando actividades docentes en la Universidad Erasmo de Rotterdam (Holanda) y labores de difusión y promoción del cine en Móstoles y Madrid (España). En este periodo, se desempeña como productor para el cineasta Raúl Ruiz en Diálogos de exiliados (1974) y como realizador en Los trasplantados (1975), con la cual obtiene el premio especial del jurado en el Festival de Thono-les Bains. Esta última plantea el tema del exilio desde un ángulo muy diferente pero acaso complementario con la película de Ruiz. Filma además varios documentales sobre la integración del pueblo gitano en Madrid (1981-1984). De regreso a Chile, abandona la labor cinematográfica y se dedica principalmente a dictar clases de historia del cine y al trabajo profesional en productoras audiovisuales. En este campo se vuelve un destacado realizador de documentales corporativos para empresas como Esso, Hotel Marriot, London International Televisión y Bellsouth, además de empresas y servicios públicos chilenos como el Servicio Nacional de Menores, Minera el Abra y el Servicio Nacional de Turismo. La mayoría de estos trabajos tienen como tema la promoción patrimonial y turística de Chile, sus habitantes y costumbres. (Hans Stange, extraído del “Diccionario del Cine Iberoamericano”; SGAE, 2011)

 

La Canasta: resistencia y trabajo comunitario

“Quería alimentar a mis hijos de manera sana y buscar las mejores alternativas para lograrlo”, cuenta María Elena Anguita, vecina y una de las fundadoras de La Canasta. Se encontró con un grupo de personas que tenían el mismo norte: mejorar la calidad de los alimentos de sus familias, el consumo consciente a un precio justo. Pensaron y articularon una entidad capaz de reunir los elementos que necesitaban: salud, alimentación y producción local.

Socios La Canasta

 

La idea estaba rondando entre algunos vecinos y apoderados del colegio Rudolf Steiner, un interés genuino por valorar el cuerpo y cómo se nutre. Con referencias de cooperativas de consumo europeas y estadounidenses se lanzaron a organizar la creación de La Canasta. “Se armó como casi todo lo que ocurre en la comunidad: ‘espontáneamente’. Fuimos conversando, armando redes, hablando en el camino y encontrando puntos en común, por ejemplo, dónde comprar las frutas en un lugar parecido a la Feria Orgánica de la Aldea del Encuentro en La Reina”, recuerda Lidia Poza vecina y socia fundadora desde el 2010.

Jossie Escárate, vecina y también pionera de la iniciativa, agrega que tenían de inspiración y referente a la cooperativa estadounidense “Park Slope Food Coop (PSFC)” –ubicada en Brooklyn, Nueva York–, siendo una de las más antiguas gestionada por los socios, teniendo asalariados externos, pero todo articulado por el consejo de socios, quienes son fundamentales en las políticas de compra basadas en la sostenibilidad o en derechos humanos. Como lo fue cuando la cooperativa dejó de vender uva chilena durante la dictadura o productos Nestlé por promover fórmulas en lactantes en vez de la lactancia materna, o Coca-Cola, por la explotación de recursos naturales y condiciones laborales.

 Lidia también reconoce que las motivaciones van evolucionando “son razones poderosas, razones políticas, si tú quieres, de resistencia al establishment o a lo que el consumo te está mostrando u obligando. Las opciones para nosotros eran ir a la feria o al mercado, pero no llenando de plástico el dinero. De alguna manera los que estábamos ahí sentíamos que si queríamos comer bien y rico, teníamos que hacer algo significativo y que fuera consistente con nuestro habitar. Porque estamos aquí en un lugar en el que sentimos que la naturaleza tiene importancia en nuestras vidas”.

Por su parte, Jossie indica que el cooperativismo de consumo es una respuesta al capitalismo desenfrenado que tenemos hoy: “No tenemos control de nada en nuestra vida cotidiana, las transnacionales son las que proveen de todo. Entonces una manera de ir lidiando con eso es generar espacios de comunidad. Ejemplo de ello son las iniciativas ‘compra en tu barrio’, porque hay que intencionar espacios donde converjas con tus vecinos y si es una cooperativa mejor, porque es un espacio donde compras, compartes, trabajas, haces turnos. Aunque a la gente le cuesta hacer por otros, es dedicar tiempo a los vínculos y a lo que te importa también, en este caso vinculado a los alimentos orgánicos y libre de agrotóxicos”.

“Desde mi perspectiva La Canasta es una manera pequeñísima de construir sociedad. Buscamos el bien común, resolver un problema común de manera colectiva: el de la tierra liberándola de agrotóxicos, el de los humanos no ingiriendo pesticidas ni químicos que nos dañen; el de los productores con un intercambio económico a precio Justo y también queremos que los productos, muchas veces en el Mercado con sobreprecio, sean asequibles a la mayor cantidad de personas y por ello, cuidamos el margen”, indica Mena Anguita, fundadora, socia y administradora de La Canasta.

 

Del origen a las formalidades

 

Hace 15 años nació la cooperativa “La Canasta”. Aunque jurídicamente no es una cooperativa, “somos una ONG funcional al alero de la Municipalidad. Tener una figura legal nos da seriedad, porque hay un compromiso. No puedes salirte del mundo 100%, necesitas pagar facturas, hacer transferencias, tener cuentas, tener contratos, pagar leyes sociales y ese tipo de cosas. Un trámite sencillo que igual nos costó, pero que significa permanencia en el tiempo”, declara Lidia.

En cuanto a la funcionalidad, la propuesta de “La Canasta” es sencilla pero poderosa: conectar a los productores locales con los consumidores a través de un sistema de trabajo colaborativo. Todos los sábados, los canasteros –organizados por turnos– se reúnen para armar y entregar los pedidos de alimentos frescos, provenientes de agricultores comprometidos con prácticas sostenibles. Esta interacción no solo fortalece la economía local, sino que también fomenta un sentido de comunidad y solidaridad entre los vecinos. “Hay vecinas que ya no hacen turnos por distintas razones; en épocas de invierno se pueden enfermar o tienen problemas de movilidad. Entonces los canasteros les llevamos su pedido”, cuenta Jossie.

Por otra parte, está el vínculo que se ha generado con los pequeños productores que son los proveedores de años de la ONG. “Nos relacionamos con distintos proveedores y siempre estamos buscando nuevas alternativas. Por ejemplo, una familia de Vicuña produce fruta biodinámica –cultivo basado en principios holísticos, espirituales, ecológicos, promoviendo la biodiversidad. En general, nuestros productos son los mismos de la feria de la Reina. Ellos a través de nuestra administradora nos avisan qué cosas van a tener para la semana, qué van a cosechar”.

Con respecto a los precios, no varían si se comparan con los productos orgánicos de supermercados o negocios más pequeños. “Son decisiones finalmente de economía doméstica, pero son decisiones personales acerca de cómo te va a alimentar cierto producto y por qué. En teoría puede ser un poquito más caro y probablemente la vida del consumidor no va a cambiar. Pero sí puede cambiar o transformar la manera en que yo habito el planeta, la manera en que estoy parado aquí, cómo me relaciono con el vecino, con mi entorno, con la naturaleza, con mi propio cuerpo. Entonces el optar por una alimentación distinta ya es un acto de conciencia”, afirma Lidia.

Además, hace hincapié en la visión de Vandana Shiva, una física matemática india, ecofeminista sobre la importancia de enseñar a cultivar y cocinar pues “es un gesto de autocuidado, de dignidad”.

 

La época de oro: 150 canasteros

 

Durante la pandemia la organización llegó a tener más de 150 inscritos que hacían sus pedidos semanalmente. Con incesante trabajo colaborativo cuentan orgullosamente que La Canasta nunca ha dejado de funcionar en 15 años. 

“Hemos pasado por épocas complejas, porque durante la pandemia fue difícil la gestión de lograr tener los productos. Teníamos 150 familias que alimentar. Nos repartíamos las canastas para llevárselas a las personas que estaban enfermas, a quienes no podían salir. También han habido épocas de mucha bonanza en que hemos intentado nuevas cosas; algunas se han logrado, otras no. También hemos tenido iniciativas como talleres de cocina, pero todo depende del momento vital en que te encuentres”, indica Jossie.

“Nos gusta trabajar juntos, hay un goce, un placer en hacer algo juntos, resolvemos alimentarnos de forma colaborativa, comprensiva con otros. Ha sido una relación amable y de 15 años de duración con los proveedores, donde hay una voluntad de ser empáticos”, agrega Mena.

 

Cómo funciona

 

 

Hay un equipo fijo integrado por cuatro personas y liderado por Mena Anguita que administran: coordinan las compras y entregas semanales de los proveedores, (administradora encargada de turnos, jefe de turno, cajera virtual). Cada miércoles envían el listado de productos de la semana a través de WhatsApp a los socios, quienes deben enviar su pedido hasta el viernes. El día sábado llegan los productos, se arman las canastas según los pedidos, las que son retiradas durante el día. Luego se les envía la boleta por WhatsApp para que transfieran el monto de su cuenta.

Cada sábado, en el patio del Expreso Imaginario, se pueden ver a los socios voluntarios armando los pedidos, pesando las frutas o haciendo cortes de zapallo. “Lo interesante es lo que ocurre mientras se arman las cajas para los socios, ese espacio de conversación único, de cariño, de preocuparse por el otro”, dice Jossie.

Hoy se sostiene con 60 socios activos, que tienen que hacer al menos un pedido al mes. Sin el trabajo de todos La Canasta no funciona, porque lo colaborativo es parte de su origen y de su esencia.

Hace algunas semanas se inició una marcha blanca para abrir el local los miércoles, se atiende a los rezagados y se venden alimentos no perecibles y productos de higiene.

Para ser socio hay que inscribirse pagando una cuota inicial. Cada socio debe hacer cuatro turnos anuales (en total 20 horas de trabajo).

  • Inscripciones +569 6655 1677
  • correo: lacanastacomunitaria@gmail.com
  • IG: @lacanastacomunitariapenalolen

Editorial/ Gobernanza comunitaria territorial o parcelera

La Comunidad Ecológica ya cuenta con 45 años, y en estos años se han llevado a cabo una serie de iniciativas en torno a defender nuestra identidad y hacer prevalecer nuestros principios. Muchos nos hemos planteado que es un buen momento para hacer una revisión y reflexión sobre cómo nos organizamos para seguir avanzando.

El tema de la gobernanza no es nuevo. Han existido varias iniciativas y la más reciente implicó el trabajo de un número importante de vecinos (Equipo de Nueva Gobernanza) y que presentó una propuesta a la directiva anterior en el 2024. Pero también han existido numerosas experiencias que nos han unido para trabajar en temas comunes. 

Nuestra actual Directiva ha considerado este tema como prioritario y es por lo que, durante la Asamblea General realizada en el mes de abril del presente año, se organizó un grupo de trabajo para revisar el tema. 

Hay muchos insumos e ideas para continuar este trabajo participativamente, pero me ha parecido necesario compartir algunos conceptos e ideas para ir adentrándonos en el tema y ver cómo seguimos avanzando.

Lo primero es el concepto de gobernanza, entendida como el conjunto de procesos, estructuras y mecanismos que permiten a una comunidad tomar decisiones colectivas, gestionar sus recursos comunes y resolver conflictos de manera participativa, transparente y efectiva. A diferencia del gobierno jerárquico, la gobernanza enfatiza la colaboración, corresponsabilidad y horizontalidad entre los distintos actores sociales involucrados.

¿Y cómo se entiende la Gobernanza comunitaria y territorial? En contextos locales –como nuestra comunidad ecológica, barrios o parcelaciones rurales– la gobernanza comunitaria busca equilibrar la autonomía individual con el bien común. Implica fortalecer la capacidad de autogestión y de coordinación entre las unidades territoriales (o parcelas), promoviendo una cultura de democracia directa, cooperación y sostenibilidad.

¿Cuáles serían los objetivos de la Gobernanza territorial o parcelera?

  • Descentralizar la toma de decisiones para hacerla más ágil y representativa.
  • Fortalecer la cohesión social y el sentido de comunidad.
  • Promover la resolución local de problemas comunes.
  • Integrar la experiencia acumulada en la gestión comunal con mecanismos modernos de participación y comunicación.
  • Fomentar la formación cívica y la corresponsabilidad vecinal.

¿Cuáles serían los principios de la Gobernanza territorial o parcelera? 

  • Participación democrática: todos los miembros de la comunidad tienen voz y voto en la toma de decisiones que los afectan.
  • Corresponsabilidad: cada parcela asume su parte en la gestión colectiva y el mejoramiento de bienes y servicios comunes.
  • Transparencia y rendición de cuentas: las directivas deben comunicar sus decisiones, gastos y avances de forma abierta.
  • Equidad y solidaridad: se promueve el equilibrio entre las distintas parcelas o territorios, reconociendo sus diferencias y fomentando la ayuda mutua.
  • Sostenibilidad y cuidado del entorno: la gestión comunitaria debe priorizar prácticas que preserven los recursos naturales y el bienestar colectivo.

 ¿Cómo nos organizamos?

Se han planteado diferentes formas de organización interna dentro de nuestra comunidad, parcelas, pasajes, calles, sectores, etc. Es necesario contar con representantes de parcelas o territorios elegidos en forma democrática, estos a su vez que integren un comité de representantes de parcelas o territorios. Se ha mencionado también la conveniencia de convocar a un “consejo consultivo”, que oriente con su experiencia aspectos críticos que se quieran solucionar.  

Nuestra Junta de Vecinos está pronta a convocarlos en torno a una propuesta en este gran desafío, que a su vez es una oportunidad para lograr una coordinación efectiva entre niveles, la formación de liderazgos representativos y la gobernanza local resiliente, capaz de adaptarse al crecimiento poblacional, mantener la cohesión social y fortalecer la identidad comunitaria.

¿Te sumas?

Guadalupe Verdejo
Secretaria de la JJVV
Comunidad Ecológica de Peñalolén

 

Por una cultura de gastos comunitarios

Sabemos que hablar de gastos comunitarios genera distintas opiniones. 

Para algunos es motivo de satisfacción, porque sienten que su aporte mensual contribuye al bienestar de todos. Para otros puede ser un tema más difícil. Pero vale la pena recordarlo: cada servicio, cada espacio limpio, cada acceso seguro, existen gracias al esfuerzo compartido de quienes mes a mes cumplen con su cuota.

Hoy, nuestra comunidad cuenta con 13 personas contratadas con imposiciones, de las que dependen también 13 familias. Son ellas quienes, con su trabajo diario, ayudan a mantener el entorno que disfrutamos.

Gracias a los aportes de muchos vecinos, podemos contar con:

  • Siete porteros, que cuidan los accesos día y noche, organizados en turnos que aseguran vigilancia continua y recorridos permanentes.
  • Un encargado de riego y aseo, que limpia los rebalses de basureros y mantiene nuestros espacios comunes ordenados y limpios.
  • Una persona encargada de la administración, que gestiona la reposición de servicios básicos cuando se interrumpen, coordina mantenciones y se comunica con los servicios municipales.
  • Un jefe de seguridad, encargado de articular los equipos y supervisar los protocolos.
  • Un contador y un financiero, que cuidan que los recursos se administren con transparencia y responsabilidad.
  • Una encargada de comunicaciones, que mantiene el contacto con los vecinos y facilita la información.

Detrás de cada una de estas personas hay familias, compromiso, dedicación y una parte importante del bienestar que compartimos.

Por eso, más que hablar solo de cuotas o pagos, queremos invitarles a fortalecer una cultura de gastos comunitarios: una forma de entender que lo común es de todos, y que cuidarlo es también cuidarnos entre nosotros.

Sabemos que no siempre es fácil estar al día, y por eso hemos preparado una nueva propuesta para regularizar casos pendientes. La idea es que nadie quede fuera, y que todos podamos aportar desde nuestras posibilidades.

También queremos recordar que los nueve Directores de la Junta de Vecinos realizamos nuestra labor de manera voluntaria, sin recibir remuneración, movidos únicamente por el deseo de mantener y mejorar nuestra comunidad.

Te invitamos a sumarte.

Tu aporte no solo permite pagar servicios: sostiene familias, mantiene la seguridad, mejora nuestros espacios, fortalece la convivencia y el sentido de comunidad.

Conversemos. Participa. Aporta.

Equipo Finanzas
Directiva de la JJVV
Comunidad Ecológica de Peñalolén

Si requieres más información, escríbenos a comunidad.ecologica.penalolen@gmail.com