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Una Chipeadora Comunitaria

Fruto de los efectos sufridos por la gran nevazón ocurrida el 15 de julio, surgió el problema de la acumulación de altos volúmenes de ramaje por todos los caminos y sitios de la Comunidad, siendo solamente retirados por la Municipalidad aquellos del Camino El Sol norte y el Buen Camino por tratarse de vías públicas.

Frente al alto costo del retiro de los restantes acopios, y la difícil responsabilización y la operación involucrada, sucedió una serie de hechos que permitieron avizorar como realizable el antiguo sueño de adquirir una máquina chipeadora para la Comunidad: el interés de varias parcelas por organizarse para reducir de manera colectiva los acopios de sus caminos; el ofrecimiento de nuestro vecino de Piedra Blanca, Rubén Herrera de una máquina chipeadora semi-industrial de madera con poco uso por su empresa a un precio muy conveniente; y la expresa disponibilidad financiera de algunos vecinos por apoyar una causa que beneficiaría a todos de manera permanente.

Al significar una responsabilidad importante en términos financieros y operacionales para una JJVV acostumbrada solamente a sobrevivir, se conformó un comité especial de vecinos entendidos en el tema que, luego de realizar un completo análisis comparativo de la oferta, definió la conveniencia de comprar el equipo: una chipeadora de madera marca Plumer modelo PLDH-30, motor diesel 30HP, 8″. Y para su financiamiento, una fórmula que no significara un endeudamiento para la JJVV, acudiendo al anticipo de pago de GGCC anuales de un número necesario de vecinos que quisieran contribuir de manera inmediata con su compra.

Realizada la adquisición –previa revisión y prueba de la máquina–, junto con la compra de insumos necesarios, herramientas y una motosierra petrolera, se procedió a capacitar personal interno y elaborar un reglamento y protocolo de uso comunitario. Todo vecino tendría derecho a su arriendo bajo un sistema simple de reserva, y pago para cubrir los costos de operación.

Al ser un servicio nuevo ofrecido por la Administración de la Comunidad que contaría con un operador exclusivo de la organización, existiría una tarifa diferenciada que beneficiaría a aquellos vecinos con sus gastos comunes al día. Este sería de $50.000 por uso diario –operador incluido–, y de $80.000 para aquellos vecinos que no lo están. Y en media jornada los valores serían los proporcionales. Debe señalarse como referencia que esta misma máquina en el mercado se ofrece en arriendo a $120.000 app. diarios.

Cómo funciona nuestro sistema de arriendo? Simple, siguiendo estos pasos:

  1. Realizar la solicitud por escrito al mail comunidad.ecologica.penalolen@gmail.com indicando nombre, celular, dirección del contacto en la Comunidad y días preferentes para la reducción.
  2. Se realizará una visita para comprobar el volumen del acopio de ramas estimando tiempo de chipeo aproximado y condiciones de operación in-situ.
  3. Se enviaría el valor por mail y las condiciones de uso, que entre otras cosas debe considerar la concentración y ubicación accesible del acopio de ramas para la máquina, el apoyo inicial de una persona adicional puesta por el beneficiario, y condiciones ambientales mínimas para su realización.
  4. Aceptadas las condiciones, se fija en conjunto el/los días de reserva y se realiza la transferencia a la cuenta de la Comunidad.
  5. El servicio se realizará a domicilio dentro de los horarios concertados (no necesariamente continuos) y el material resultante (troncos y viruta de madera) quedará a disposición del beneficiario.

Cabe señalar que el servicio que se ofrece es de REDUCCIÓN DE RAMAS, no de tala, dimensionado o retiro. Aclarar igualmente que no toda madera es chipeable, dependerá de su dureza, diámetro y nivel de humedad (no es lo mismo una madera de espino que una de aromo del mismo diámetro). Cada situación será analizada técnicamente y sus limitaciones oportunamente señaladas.

Con la compra de una chipeadora propia, aparte de solucionar el problema coyuntural que hoy vivimos como Comunidad, también nos hacemos cargo de manera sustentable de una nueva dimensión de nuestros residuos, en este caso, los voluminosos orgánicos, y de manera permanente. Transformando las ramas de la Comunidad en chips podemos aprovecharlo para enriquecer la tierra, usarlo en nuestros sistemas de reciclajes de agua con lombrices, acelerar nuestro sistema de compostaje y embellecer nuestros senderos como cubresuelos, evitando así una mayor huella de carbono por transporte a rellenos sanitarios lejanos o quemas ilegales. Como resultado de lo anterior, limpiamos y despejamos nuestros espacios comunes de basura, riesgo de incendios y de anidación de roedores. Y de paso hacemos honor a nuestro, por momentos vapuleado, nombre comunitario.

Queremos agradecer a los siguientes vecinos por su aporte a esta causa desde sus distintas contribuciones: Pedro Mendizábal, Verónica Ramírez, Germán Belmar, Cristián Andrade, Rubén Herrera, Álvaro Fuentes, Jossie Escárate, Juan Moya, Felipe Melo, Juan Echenique, Mario Acuña, Manuel Retamales y Wenceslao Díaz.