Alimentación Saludable

Transgénicos y Alimentación

Hoy en día muchos de los alimentos que consumimos son genéticamente modificados o contienen agrotóxicos. Como comentamos en el artículo anterior (link transgénicos parte 1), las empresas allí mencionadas han invertido millones en privatizar las semillas y también en agrotóxicos para los cultivos, su objetivo es ir creando un monopolio sobre la alimentación mundial. Es un desafío decidir por dónde empezar a enumerar los riesgos de los alimentos transgénicos o con agrotóxicos, su forma de cultivo y los alcances de su consumo.

Podemos comenzar por los transgénicos en sí. Un organismo transgénico no existe en la naturaleza ni es creado por ella, sino que es una intervención humana a la genética de los organismos vivientes, por lo que no puede predecirse cómo interactuarán con los ecosistemas ni cuáles serán las consecuencias de su liberación en el ambiente.
En este momento sabemos que los organismos transgénicos aumentan la necesidad del uso de pesticidas en su cultivo, además de contaminar los cultivos cercanos no transgénicos.
No sabemos que consecuencias a largo plazo tendrá la alimentación con GM (genéticamente modificados) en los seres humanos. La modificación genética es una forma rudimentaria e imprecisa de incorporar material genético  foráneo  (por  ej.,  de  virus  o  bacteria)  a  las  cosechas,  con  consecuencias impredecibles.  El  alimento  GM  resultante ha pasado por  procesos  de  prueba poco rigurosos  y no se han  hecho  pruebas de seguridad a largo plazo; pero estudios en alimentación animal muestran preocupantes efectos a la salud.

Transgénicos en Chile

En Chile, la situación es contradictoria. La norma que rige es la Resolución Exenta 1.523 de 2001 del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), que “Establece Normas para la Internación e Introducción al Medio Ambiente de Organismos Vegetales Vivos Modificados de Propagación”. Conforme a tal regulación, sólo se permite la producción y multiplicación de semillas para exportación y pruebas de campo, acciones que requieren de la autorización previa del SAG. Así, bajo el amparo de esta resolución, Chile se ha convertido en el principal país exportador de semillas transgénicas del hemisferio sur, aunque no podemos comercializar esas semillas en Chile (sólo exportarlas).

Lo contradictorio es que luego de exportar las semillas, importamos sin restricciones los granos y subproductos de cultivos transgénicos para alimentación humana y animal.

Otro obstáculo es la falta de información en los productos alimenticios. El etiquetado de transgénicos es un desafío muy grande que se debe exigir a las autoridades. Tenemos derecho a saber lo que estamos consumiendo.
Solo manejamos información de algunas marcas y productos que tendrían ingredientes transgénicos. Se sabe de la soya y el maíz transgénico pero el etiquetado de alimentos y productos es primordial y debería ser una norma legal.

La expansión de siembras transgénicas en el país inevitablemente provocará contaminación genética de otros cultivos y depósitos de semillas, como ya ha ocurrido en menor escala en años anteriores como resultado de la existencia de semilleros de semilla transgénica de exportación. Una vez que Chile adquiera fama de país contaminado genéticamente, sus posibilidades de competir y exportar productos agropecuarios de alto valor, como frutas, vinos, aceitunas o miel disminuirán drásticamente. Las normas de la Unión Europea y otros países, impedirían o dificultarían enormemente la exportación de productos orgánicos por parte de un Chile contaminado con transgénicos. La agricultura orgánica o agro ecológica, que muestra tendencias de crecimiento tanto en la extensión de sus cultivos como en la demanda de sus productos, se vería seriamente afectada.
Monsanto, la principal beneficiada con el proyecto oficial sobre transgénicos, es una empresa monopólica que concentra las mayores ventas de semillas transgénicas y ha fomentado sistemáticamente la contaminación genética mediante diversos métodos, incluso a través del incumplimiento de normas legales, la llamada “puerta giratoria” y la corrupción. Monsanto se caracteriza también por imponer contratos de producción abusivos y por perseguir judicialmente por producción ilegal de cultivos transgénicos a cientos de agricultores que han resultado injustamente contaminados.
La mejor opción es la agricultura ecológica. Es decir, un modelo basado en una gestión sana de los recursos locales que beneficie a productores y consumidores. Alrededor de todo el mundo existen explotaciones agrícolas ecológicas que demuestran cada día que pueden proveer suficiente alimento, aumentar la seguridad alimentaria y generar mejor calidad de vida a agricultores y consumidores. Para hacer de esta agricultura una opción para todos, los gobiernos deben establecer normas que garanticen una agricultura sana para las personas y el medioambiente. El sector agrícola debería optar por las técnicas y métodos de agricultura ecológica y los consumidores pueden apoyarla a través de sus compras.

Cooperativa La Canasta

La Canasta

En nuestra comunidad existe una iniciativa de consumo responsable sin agrotóxicos.
La Canasta es una cooperativa de consumo, que funciona en nuestra comunidad en base a socios. A través de ella puedes acceder a productos orgánicos o libres de agrotóxicos a buen precio. Funciona en la entrada de la comunidad los miércoles y sábados por la mañana. www.lacanasta.org – también puedes leer nuestro artículo anterior a fondo, donde se habla de La Canasta.