Residuos

Sandra Quiroz, recicladora oficial de la Comunidad Ecológica

“Me gusta pasar por las casas”

Una vez por semana pasa por las casas que están inscritas para retirar las bolsas de basura  inorgánica: papeles, cartones, diarios, revistas, botellas y envases plásticos limpios.

También se lleva en su camioneta -la que compró hace tres años gracias a su trabajo como recicladora oficial de la Muni de Peñalolén- cualquier otra cosa que necesite ser eliminada del hogar, como ropa, telas, electrodomésticos, zapatos viejos y de un cuantúai.

Hace  24 años que ella y su marido, don Santiago León, viven de los desechos que genera la comuna de Peñalolén. Con la venta  por kilo de diarios, botellas y cajas de cartón   han logrado educar a sus cuatro hijos. Hoy les quedan solo dos en la casa y viven exclusivamente de los residuos que generan los habitantes de la Comunidad Ecológica de Peñalolén.

Fueron de los primeros pobladores en  llegar a la Toma Esperanza Andina, durante los años ochenta, con su primera hija arriba de un colchón y $ 16.000 en una libreta de ahorro. No tenían nada más. Fue en esa época en que comenzaron en el oficio. Por entonces se les conocía como “los cartoneros”: recorrían de noche toda la avenida Las Torres, hasta el final, y bajaban por Las Parcelas, escarbando los tarros de basura. La gente les tenía miedo -recuerdan-, los creían ladrones, llamaban a los carabineros que les pedían su carnet de identidad, bajo sospecha de delincuencia. O si no, creían que eran locos alcohólicos o mendigos, que dejarían todo sucio y desparramado. Pero no, ellos solo hacían metódicamente su trabajo cada noche, junto a muchos más por toda la comuna, salvando de los tachos los cartones limpios que no estaban manchados con grasa, huevo o restos de comida.

Hoy se sienten orgullosos: “hemos avanzado mucho”- dice doña Sandra: “pasamos de ser “”cartoneros¨” a “recicladores”, con uniforme oficial y reconocimiento de la Municipalidad. Eso nos subió el ego, nos hizo valorizarnos como personas. Ahora somos veinte en total y todos tienen triciclos”. La gente, en efecto,  ya  los conoce  y hasta les colabora, dejándoles los montoncitos de diarios y las cajas de pizza al lado de los tachos, apartándolos del resto. “Hasta los carabineros nos cuidan, ya no nos piden el carnet, saben que no somos delincuentes y que estamos reconocidos por la Municipalidad”.

Doña Sandra y don Santiago son los recicladores oficiales de la Comunidad Ecológica  los únicos asignados a este barrio por la Municipalidad, desde hace cuatro años. Vienen cuatro veces por semana: lunes, miércoles, jueves y domingos. Vacían los contenedores de la entrada a su camioneta. Luego recorren los caminos pasando por  las casas. Se van repletos de residuos y cachureos de todo tipo.

Ellos son, además, vecinos inmediatos nuestros. Viven aquí al lado, en la población Esperanza Andina, en una de esas típicas casas de ladrillitos rojos, las que les entregaron a cada familia, luego de largos ocho años en toma. Al final solo pagaron $ 750.000 por la casa, pues se les condonó la deuda  a los cinco años. El pequeño antejardín y pasillo lateral lo han transformado en bodega y centro de acopio. Allí separan el papel blanco del de diario; el impreso con tinta negra del impreso a color. También doblan y aplanan los envases  de cartón, las cajitas de té, las de remedios.  Sacan las tapas y etiquetas a a las botellas de plástico y una vez todo separado, lo disponen en grandes bolsas que cuelgan hacia la calle, las que luego venden en la Planta de Residuos Industriales de Quilicura. Ellos actúan como intermediadores, pues venden todo después a las fábricas de reciclaje.

“Nuestro principal problema es el espacio -continúa la señora Sandra-: no tenemos dónde trabajar, pues no contamos con  más espacio para guardar cosas en nuestra casa. Cuando hacemos los retiros a la entrada de la Comunidad Ecológica, tenemos que estacionarnos al frente de los contenedores y no tenemos tiempo para separar nada, debemos echar todo tal como está nomás. Y  al llegar la misma cosa,  debemos entrar todo a la casa y separar dentro. No podemos trabajar en la calle porque los inspectores nos sancionan, entonces estamos obligados a trabajar en un espacio reducido. Nuestra casa ya no da más”.

Pero, dígame, doña Sandra, la firme: ¿es un buen lugar, dentro del rubro de los recicladores de Peña, trabajar en la Comunidad Ecológica? ¿O es como en cualquier otro barrio? ¿Hay más o menos residuos? ¿Cómo nos ven ustedes?

Sí, la Comunidad Ecológica es una buena plaza para trabajar en este oficio. Nosotros estábamos contentos cuando fuimos asignados aquí por la Municipalidad.  La gente sí recicla más que en otros barrios pero les falta mucho todavía. No es como nos imaginábamos.

¿Y qué falta?

Falta que la gente tenga más conciencia y no bote basura domiciliaria en los contenedores para reciclaje que hay a la entrada. Allí nos encontramos con de todo: jeringas con sangre, toallas higiénicas, bolsas con restos de comida, bandejas de plástico sucias. Mezclan todo y no respetan lo que debe ir en cada cuál. Eso es un trabajo doble para nosotros porque después no solo debemos separar sino además llevar a nuestra casa basura que no nos sirve para nada y que nosotros debemos botar después.

¿Y por qué cree que pasa eso? ¿Pasa en todas partes?

Pasa porque no hay contenedores de basura a la entrada, entonces la gente bota ahí sus bolsas porque no encuentran otro lugar. Sacan todas sus bolsas de basura juntas en el auto y las botan todas juntas también. No tienen tiempo para devolverse. Es un problema de conciencia y comodidad y pasa en todas partes.

Y entonces dígame, ¿de qué manera pueden ayudar los vecinos a que ustedes realicen mejor su trabajo?

Lo más importante es no ensuciar la basura para reciclar con restos de comida y no mezclar las bolsas dentro de los contenedores. Si dentro del contenedor para papeles se echa una bandeja de cartón con restos de pollo, por ejemplo, con el calor comienzan los malos olores y se pudre todo, llegan los ratones. Lo mismo pasa con las bolsas con humedad adentro: comienzan a podrir el resto de los cartones. Los envases de tetrapack son los más peligrosos porque la gente no los enjuaga antes, los echa así nomás al contenedor, con restos de leche, crema, vino, salsa de tomates, entonces es un asco todo. Por eso ya no reciclamos los tetrapack ni muchos envases, porque vienen sucios.

¿El retiro en las casas funciona mejor?

Ah, sí,  ha funcionado muy bien. La gente que está inscrita es muy ordenada,  nos entrega todo separadito, limpio, pero además no falta que nos entregan también zapatos, ropa, platos, jarras, lámparas, catres viejos Y eso es lo más valioso para nosotros, especialmente los metales, el cobre y el bronce ($1.800 y $ 1.500 el Kg. respectivamente).  Con la venta de la chatarra que ahorramos durante tres años compramos la camioneta. Antes lo hacíamos todo en triciclo no podíamos llevar cosas pesadas pero ahora con el vehículo es muy distinto, nos ha ayudado mucho y podemos retirar de todo en cualquier casa. El problema son los otros…

¿Qué otros?

La gente que no recicla, no está inscrita, gente nueva que llega y no está acostumbrada (por acá siempre está llegando gente nueva parece). Ellos botan todo junto.  Nosotros vemos las bolsas desparramadas por el suelo y nos da pena, especialmente por las botellas plásticas y los envases de cartón. Sabemos que ahí hay mucha plata que podríamos recuperar pero también nos da pena por la contaminación, por el planeta. En la Municipalidad nos han hecho muchos cursos de capacitación, nos han enseñado que las botellas de plástico se demoran miles de años en desaparecer, entonces hemos tomado conciencia nosotros también. Yo ya no soporto ver basura sin reciclar por las calles.

¿Y cuál cree usted que es la solución, desde su perspectiva?

La mejor solución es que hubiera contenedores para reciclaje a la entrada de todos los caminos. Igual como hay para las bolsas con basura domiciliaria. Que los vecinos pudieran echar allí los papeles, cartones, revistas, vidrios. Así nosotros vaciaríamos directamente desde allí a la camioneta, más tranquilos,  y podríamos reciclar el 100 %. Esos contenedores ayudarían a la gente que no está inscrita, que no nos llama, a sacar su basura reciclada junto con la otra y no tener que llevarla hasta la puerta que además no hay donde estacionar y se hace taco los sábados en la mañana.

Y así se ahorrarían además es tener que pasar por las casas…

No, no, no. A mí me gusta pasar por las casas y no quiero perder ese contacto, porque la gente es amable, nos trata con respeto, son simpáticos. Y además porque así sacamos la chatarra y muchas otras cosas que nos sirven, que solo están dentro de las casas. Los objetos pesados de metal, especialmente, no los llevan a ninguna parte, hay que retirarlos en los domicilios.

¿Algún sueño o perspectiva en particular para el futuro?

Lo que a nosotros más nos gustaría, lo que sería el ideal, es que hubiera un centro de acopio dentro de la comunidad, pero más grande, con más espacio, donde llegaran todos los desechos reciclables y nosotros pudiésemos trabajar allí mismo, que ese fuera nuestro lugar de trabajo, no la casa de nosotros como es ahora.

¿O sea que les gustaría seguir en esto?

Sí, ¡claro que sí! Nosotros estamos orgullosos de este oficio y nos ha ayudado a salir adelante. Hemos aprendido mucho, nos hemos capacitado, nos ha dado muchas satisfacciones y dejamos un legado bueno  Nos gustaría que alguno de nuestros hijos siguiera en esto del reciclaje. Es un trabajo que ayuda al mundo y cada vez hay más apoyo.  Recompensa lo que uno está haciendo.