Espacio de opinión

Las cosas son como son.

Por Gabriel Valdés, presidente de la JJVV. 

Nadie puede dudar que tanto el Facebook comunitario como los chat de Parcela se han convertido en un medio para ejercer presión social frente a aquellos aspectos que no toleramos dentro de la Comunidad: la velocidad sin límites de conductores, la suciedad que genera el botadero de enseres, podas y escombros, la falta de cuidado de mascotas que rondan libremente con sus consecuencias asociadas, la agresión de un vecino a otro, problemas asociados al agua, las construcciones, los ruidos, los caminos, etc., es decir de todo aquello relacionado con normas de convivencia cuya validez nadie puede dudar, pero algunos cuesta respetar. Ante el necesario ejercicio de ejercer nuestros derechos frente al que los atropella, y ante tantos intentos infructuosos, la pregunta de fondo que creo debemos hacernos es desde dónde lo hacemos, desde la tolerancia o desde la aceptación. ¿Porqué esto?, ¿Cuál sería la diferencia?

En el marco de una Comunidad diversa en la que buscamos mantener cierta concordia –a veces, a duras penas–, ante un comportamiento que no nos gusta tendemos como mucho a tolerar y en contadas ocasiones, lo aceptamos. Si tomamos como definición de tolerancia el concepto de Maturana, “la tolerancia es una confrontación diferida“, está claro que lo que tendremos como resultado muchas veces es reactividad y baja receptividad, al basarnos en juicios hacia el otro, más que en hechos. Es cosa de ver algunos intercambios en nuestro facebook o a través de los chat de parcelas, donde cuesta distinguir si es peor la falta denunciada o la descalificación personal resultante. Con esta valoración de la tolerancia, obviamente no se está invitando a la intolerancia, ni menos aún a bajar los brazos. Desde una perspectiva de comunicación no-violenta, la aceptación es el punto de partida, donde hay que entender que lo que hay es lo que es, sin más. Es un error asociar aceptación –como nos suele pasar– con la aprobación de la conducta que nos repugna, dado que se puede aceptar sin que ello signifique estar de acuerdoLa diferencia con la tolerancia está en la calidad y eficacia de la respuesta que podemos proporcionar ya que en la aceptación no hay conflicto ni lucha sino serenidad, equilibrio. Actuar desde la aceptación implica que la acción es proactiva y creativa, no reactiva ni rígida a diferencia de la tolerancia donde ya no respondemos desde la libertad de elección sino desde la reactividad. Con ello, la solución al problema ya no se centra en el otro, sino en la capacidad de uno mismo por empujarla.

Cómo podemos aplicar lo anterior en nuestro contexto?  Primero, saber que tenemos un marco reglamentario que nos rije como Comunidad, que como JJVV debemos hacer siempre un mayor esfuerzo en darlo a conocer, recordarlo, y velar por que se cumpla. Pero es tarea de todos respetarlo y hacerlo respetar. Ante eso es muy importante la vinculación comunitaria, sin la cual, muchas cosas no se sabrían o bien, posibilitarían desde el otro lado. Y esto vale también para conflictos entre particulares. Y allí es donde entra la comunicación efectiva, en primer nivel, entre los propios vecinos. No esperar a que un tercero (autoridad o intermediador), bajo el argumento de no desear contaminar las relaciones, genere el punto de cambio. Idealmente en directo y privado. Sólo después, escalar a un ámbito colectivo, donde nunca perdamos la perspectiva de poder llegar a un acuerdo ó al menos comprensión. A falta de respuesta, o conocimiento del involucrado, y siendo evidente el daño causado, allí es absolutamente plausible la denuncia o el control social, donde no obstante, siempre es deseable dar salida a la autocorrección o el aprendizaje.

En todos estos casos, la forma –el canal y las expresiones utilizadas– sólo serán conducentes, como señalábamos a partir de la aceptación de una realidad (los hechos y circunstancias involucradas), el reconocimiento del objetivo a cumplir (el resultado deseable) y la proporcionalidad de las acciones en base a lo que está en juego (el fondo en cuestión). Ello, evitando ser esclavos de las emociones que obnubilen nuestro accionar.

El espíritu detrás de esta reflexión es el de siempre: nuestra Comunidad vale tanto en la medida en que la cuidamos, como en que nos cuidamos entre nosotros. Incluso con quienes no siempre quieren hacerlo. Pero me alegra percibir, incluso dentro de nuestras redes sociales, que cada vez más vemos expresiones de aceptar de que es posible otra vía de hacer Comunidad: más amorosa, más inclusiva, más involucrada.