Entrevistas y Reportajes

Jeanine Charron, una vida educando ambientalmente

«Aunque digan que todos somos iguales, yo encuentro que es una mentira, somos diferentes y para convivir tenemos que hacernos reglas y participar, dialogar y confrontarnos y pelear y discutir y en fin, lo que significa vivir en grupo. No siempre es fácil»

Jeanine Charron llegó a la Comunidad Ecológica en 1999, cuando trasladó el colegio que dirige, Maison de l’ Enfance, desde Ñuñoa. Éste, está basado en la pedagogía Freneit, metodología francesa que se centra en la renovación del ambiente escolar, y en las funciones de los maestros. Su objetivo es que los niños aprendan haciendo y hagan pensando, “de darle la palabra al niño, de salidas pedagógicas, trabajar más fuera que dentro del aula y la austeridad” como lo describe Jeanine. Además, el colegio se define como medioambientalista, ya que en su programa y su visión de educación contempla el medio ambiente como eje.

Fotografías: del reportaje «Homeostasis, un continuo movimiento de adaptación»

¿Cómo tomaste la decisión de cambiarte de Ñuñoa a la Comunidad Ecológica?

En esa época habíamos formado una corporación, la corporación Ambiente Niño, donde nos juntábamos los sábados. Yo estaba aburrida en Ñuñoa, por el barrio, lo encontraba fome, no pasaba nada. Y estuvimos buscando un lugar donde irnos o donde comprar y no encontrábamos. Hasta que en una reunión el Marcelo Cortés nos propuso venirnos para acá. Yo vine para acá con algunos niños a mirar el sitio. A mí me gustan los espacios grandes, eso era lo más importante. Había  que construirlo todo, porque esto era un despelote, lo único bueno aquí era la oficina del Kim y del Marcelo, lo demás había que hacerlo todo. Bueno, ahí tomamos la decisión de venirnos, para construir junto con los niños un espacio. 

Tú estabas aburrida de Ñuñoa, ¿qué era clave para que un lugar fuese atractivo para montar un proyecto como este?

Primero que se moviera, que hubiera gente moviéndose o autos moviéndose, o más naturaleza. Y en Ñuñoa estaba como todo hecho, en cambio aquí estaba todo por hacer y el desafío de hacer las cosas, a mí me motivan. 

¿Y cómo se hacían las cosas aquí?

Mira de a poco, sin plata. Con mucho énfasis en lo que es la construcción del ser humano, para mí, es fundamental. Partiendo desde los chiquititos (la sala cuna), como se construye un individuo. Que va ser único. Aunque digan que todos somos iguales, yo encuentro que es una mentira, somos diferentes y para convivir tenemos que hacernos reglas y participar, dialogar y confrontarnos y pelear y discutir y en fin, lo que significa vivir en grupo. No siempre es fácil

¿Cómo afecta la conformación de un niño -desde la sala cuna hasta la preadolescencia que es lo que dura la etapa en la Maison- desarrollarse en un espacio así?

Más que lo que he visto yo, es lo que ha visto gente que viene de otros lados. Llegan personas del extranjero. Tuvimos un chico español, Pablo, que llegó mandado por una institución francesa . Allá tienen un sistema en donde grupos e instituciones fomentan las salidas fuera de jóvenes, Pablo era sociólogo y quería salir fuera de Francia e ir a Latinoamerica. Él nos buscó, nos encontró en internet. Ahora hay otro chico que es Nicolás, que es economista y es francés. Y son las personas que vienen de afuera que te dicen después: «estos niños son diferentes», uno ya no los ve diferente, porque estás con ellos todo el día. Los ves no más. Pero yo veo a los ex alumnos y yo sé que son diferentes a lo que hubiese sido si hubiese salido de algún liceo, o en un colegio más convencional. Son jóvenes diferentes que han seguidos caminos diferentes, con más esfuerzo quizás, pero contentos de ser como son, por ser ellos.

Me parece que no es la gran cosa, es lo que hay que hacer. Sobre todo en esta época, así como está el mundo están todos locos, chiflados, que están prohibiendo de todo. Me parece que tienen que existir lugares como estos, más libres más autónomos, independientes de los ministerios o de los partidos y de la plata, porque el dinero en educación es un cacho, cuesta, porque nosotros tenemos muchos profesores y muchos talleristas y pocos niños. Aun así el proyecto es sostenible. Eso era lo que yo quería, que fuese sostenible.

 

Jeanine nació en 1939 en Francia, al mismo tiempo que inició la Segunda Guerra Mundial. Por lo mismo fue criada con austeridad, acostumbrada a ahorrar recursos, reutilizar y reciclar objetos, que contribuyó a formar su visión ecológica.

Cuando tenía 12 años, emigró a Chile junto a sus padres, por miedo a que se iniciara una tercera guerra mundial. Llegaron a Santiago, donde el choque cultural la afectó nos fuimos a Mendoza a tomar el tren para Santiago, y era una porquería. El humo entraba por las paredes, yo me desmayé varias veces. Se vendían las cosas de octavo, tu podías comprar con tu familia un octavo de azúcar, y así. En plena penurias”. Luego se instalaron en Osorno para que ella y su hermana estudiaran en la Alianza Francesa, donde trabajaría su padre.

Su madre, sin tener estudios previos, trabajó de parvulariaMi mamá había estudiado hasta 4to de preparatoria, en ese tiempo no se estudiaba. Pero aprendió, se formó sola. Yo saqué ese modelo, del esfuerzo, de la pujanza, si tu no sabes aprenderás. Y también lo heredó mi hija Mariela y mi nieta María José, ambas parvularias. Somos una familia de educación”.

 

Y respecto al entorno de la Comunidad…

Bueno, yo no salgo mucho. Pero me interesa, aunque sea poca, la relación con las personas que te comunicas. Nos piden el colegio para alguna reunión y además está toda esta maravillosa naturaleza, de estar al pie de la cordillera. La contaminación no llega tan luego.

¿Y se nota la diferencia para los niños entre estar en un lugar como Ñuñoa o aquí en la Comunidad?

Si y no. Porque por ejemplo, como anécdota, en Ñuñoa, una de las niñas -que gateaba- recorría el patio chupando piedras. Entonces, como el tema de «¡uy la guagua que está chupando piedras!, no puede ser, ¿y la educadora dónde está?, etc». Había igual una experimentación de los niños en su entorno. Ya se hacía el proyecto ambientalista de alguna manera. Pero sin duda que estando acá es mucho más. Porque estás rodeado. 

¿Como experimentan los niños con su entorno acá?

Mira, estamos en pleno invierno, la mayoría de los árboles se helaron y ahora están saliendo brotes nuevos y no es ni primavera y ya lo están viendo. Entonces es como el cambio climático está produciendo tal y tal efecto no pasa a ser un discurso. Es una cosa real, que puedes ver, y no es porque te lo diga la profesora que se supone que sabe más, sino que tú lo puedes comprobar. En ese aspecto sí, los niños aprovechan este entorno.

¿Qué niños van a la Maison?

A principio teníamos muchos que eran de acá de la Comunidad, y los apoderados eran de la Comunidad, que por algo están aquí, eligieron este lugar. Aunque ha cambiado también la fauna. Ahora son menos los papás que son de la comunidad, a lo mejor hay menos niños chicos, no lo sé.

 

Jeanine estudió pedagogía en francés en Concepción. Se enamoró de un estudiante de medicina, quien tenía que dar su examen de grado a Santiago, donde volvió a instalarse. Tuvo 3 hijos. Al tiempo volvió nuevamente a Osorno y Concepción buscando trabajo y luego retorna una vez más a la capital, donde trabaja por primera vez como profesora “me dieron un curso, el peor curso. Porque es como el que llega último se lleva el peor”.

Cuando empezó la Dictadura, su hermana la vino a buscar desde Francia para que se fuera de Chile. Se quedó en ese país y luego recorrió por Mexico antes de regresar definitivamente a Chile.

¿Qué aprendizaje tuviste en tus viajes antes de regresar a Chile?

Trabajé en casa de jóvenes y de la cultura. Haciendo animación cultural, ahí aprendí muchas cosas que me sirvieron para esto. La mirada. Los niños chiquitos bajaban al lugar con la llave del departamento colgando y tenían 3 años. Entonces yo veía eso y pensaba los niños chilenos están empaquetados, los han llevado arriba y abajo en auto con los papás sin autonomía, totalmente dependientes y estos cabritos chicos los hacían escoger entre los talleres. Elegían y tenían que terminar lo que habían emprendido.

Mientras tanto me escribían de Chile que yo me volviera. Que era importante que yo estuviera acá. Lo pensé un rato y nos vinimos. Pasé por México, estuve un tiempo ahí. Ahí aprendí otras cosas importantes, culturales y llegué a Santiago.

Ahí intenté poner un centro cultural, no me resultó. Me fui a Concepción, de visita, y ahí los amigos de antes me dijeron pero vente, te ayudamos, etc. Volví a Concepción y ahí empezamos lo que podría ser el proyecto.

Era una casa grande de 3 pisos, la idea era tener una especie de centro cultural en las tardes, para los niños que tuvieran problemas en el colegio, más que nada. Esto fue como en los 80 y algo, todavía en dictadura.  Empezamos esto con jardín infantil en la mañana, teníamos 4 niños. Empezó a crecer a crecer y yo me empecé a latear, porque cuando la cosa está ya armadita yo me aburro.

Ahí inventé los talleres, hacer trueque con gente que me parecía interesante. Pero quería hacer algo más, no sabía que cosa. Porque yo pertenecía a las madres de la plaza Perú, así como las locas de mayo más o menos. Entonces éramos un grupo de mamás cuyos hijos estaban metidos en política y que ayudábamos a buscarle becas, alimentos, cosas así. Yo estaba encargada de cultura para traer gente que hiciera teatro en el foro de la universidad. Esa fue mi experiencia con la Dictadura y fue donde tuve más niños. Tenía 120 y tantos niño. Claro que doble jornada hacia. Éramos 25 adultos. Era un tremendo buque que manejar, pero manejaba bien. Era jardín infantil no más.

Hasta que parece que me aburrí también. Me vine a Santiago. En Santiago hice un centro cultural en Bellavista, se llamaba la Casa Fiore y la municipalidad me lo cerró, por izquierdista. Porque habían batucadas. Me clausuraron por los especies de escándalos que habían.

¿Cómo llegaste al proyecto que tienes ahora de educación?

Me fui con unos chicos que eran pintores que trabajaban al lado de donde yo vivía, me había hecho amiga de ellos y ellos venían y pintaban adentro, entonces ahí yo empecé a mirar como pintaba la gente. Eso me llamaba la atención, de donde partían. A ti te enseñan en la universidad o en el colegio a escribir siempre de izquierda a derecha y la gente que pintaba, los artistas, lo hacían de cualquier lado, e igual se entendía. Entonces dije la educación tiene un problema de foco, y ahí se me metió en la cabeza que podíamos hacer algo. Si estaba en Chile algo había que hacer, con lo que yo había aprendido de todos estos personajes.

Ahí un amigo me prestó plata, durante 3 años arrendé un lugar que fue en Simón Bolivar, el primero, también con 4 niños, que eran amigos de Juan Carlos (su hijo). Todos amigos. No pagaban casi nada porque eran amigos (se ríe). La Mariela llegó del exilio, ella estaba en Bélgica, de Bélgica se fue a Perú y se vino e hicimos un proyecto que nos ganamos del Banco del Estado, por 6 millones y tanto y nos dieron 7 millones y tanto. Ahí nos cambiamos a Castillo Velasco, a una casa más grande, ahí llegó más gente. Estuvimos unos cuatro años hasta que nos instalamos definitivamente acá, en la Comunidad Ecológica.

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