Un poco de historia

En la década del setenta, ante la inquietud desatada por la inminente reforma agraria, el fundo Lo Hermida Alto fue parcelado y vendido a sus inquilinos, casi todos campesinos, decretándose la prohibición de venta por los diez años siguientes.

En el caso de las hijuelas C y D, que es el territorio que habitamos, fueron divididas en parcelas de 2,89 y 7,8 hectáreas, respectivamente; las primeras regadas y agrícolas, y las segundas de rulo o secano, destinada a trigales, arvejales, y una vez finalizada la cosecha para talaje. Las variedades de eucaliptus introducidas en el sector se explican porque éstas daban sombra al ganado y a la vez proveían de varas para la construcción de casas y corrales.

Durante la primavera de 1980, los campesinos comenzaron a ceder sus derechos a los primeros colonos, quienes impulsados por el desencanto de la época, se movilizaban en la búsqueda de un espacio natural. El lugar se hallaba en estado semi silvestre y expuesto a la tala indiscriminada del espino, el quillay, el maitén, el eucaliptus y otras especies menores. Además los cazadores daban cuenta de la escasa fauna existente, sumado a los incendios estivales que arrasaban laderas y cerros.

“Cumplidos los trámites de rigor acampamos una fría noche de primavera… –a modo de fundación- echamos a volar un gran globo de papel utilizado en las festividades del sincretismo maya cristiano traído desde Guatemala.”…como en una danza… asistíamos emocionados –quizás inocentes-,a un lento proceso de sintonización con la tierra”.

Los primeros pobladores de la Comunidad de Peñalolen Alto se asentaron en el hoy llamado Camino de Luna, parcela 17 y fueron Tuti Hamilton ( precursora de la comunidad), Paulina Marambio y sus hijas Manuela y Jacinta, Alejandro Garros, Roni Hassler y Denise Walter, los Parada Bello y Alberto Cariqueo y familia. Al poco tiempo se sumaron Pancho Hoffman, Eileen Dacre e hijos, seguidos luego por muchos mas.

La comunidad comienza a surgir espontáneamente, debiendo sus impulsores transformarse en gestores de su propio hábitat. El barrio fue forjándose sobre un ideal de vida comunitaria, condicionado, entre otras cosas, por el hecho de habitar un territorio ajeno a la idiosincrasia urbana, debiendo recrear soluciones surgidas de la experiencia inmediata y de la nostalgia de un mundo que se retrae.

Estas condiciones y su correlato jurídico fueron el filtro natural que determinó el perfil trasgresor que se refleja en la forma particular de habitar el lugar: conservación del paisaje natural diferente al concepto de jardín, casas construidas en adobe y materiales reciclados, huertos orgánicos y agua captada en forma artesanal directamente de la Quebrada de Macul. Los primeros ocho años se iluminaban con velas y faroles.

Desde entonces, un numeroso grupo de personas y familias ligadas a las artes, la cultura y las ciencias fueron apostando, por poco dinero, a un destino lúdico y atípico que apuntara a transformarse en un barrio de insospechada valoración. Entre todos se fue recreando el viejo concepto de barrio; hicimos los caminos, callejones y senderos peatonales; los espacios comunes como el Centro Comunitario, el Kinder y la Plaza Imaginaria en homenaje a Nicanor Parra. Las calles recibieron nombre por consenso general: Camino al Sol, El Buen Camino, Camino de la Luna, de Piedra Blanca, de la Tierra, El Polvo, La Huella, La Lagartija y Camino de las Estrellas, entre otros. Rescatando las tradiciones se construye la portería y el correo imitando la casa de los inquilinos de fundo. Los caminos de acceso no llevan faroles para no prolongar la ciudad y dejarnos intactas las noches estrelladas.

Fuente: Pasquín El Justiciero de la Quebrada, Comunidad Ecológica Peñalolén 1995-96, por Alejandro Garrós y Ocho Libros Editores

CONOCIENDO LA COMUNIDAD ECOLÓGICA

La Comunidad Ecológica lleva 36 años establecida en Peñalolén, nuestros hijos son parte del escaso 35% de habitantes nacidos en esta comuna, somos un barrio consolidado, pero no estancado, evolucionando para incorporar armónicamente la ciudad que ya nos ha alcanzado y el incremento de familias que han escogido  este maravilloso lugar para establecerse.

La Comunidad Ecológica se extiende desde Av. Las Perdices por el poniente hasta la cordillera, por Antupirén al norte y Av. Los Presidentes por el sur y la habitan más de 500 familias.

Somos copropietarios organizados en 22 parcelas en régimen contractual de comunidad, lo cual nos impide hipotecar nuestras propiedades, ya que están constituidas por derechos sobre las parcelas que no se ha subdividido en roles individuales.

El agua la obtenemos a través de los derechos que mantenemos sobre el Canal de Lo Hermida, y en general hemos autogestionado la organización y provisión de los servicios en los límites de nuestro barrio.

Este barrio ecológico se fue forjando desde el imaginario de unos cuantos pioneros que hace ya muchos años decidieron que existen formas de habitar y vivir Con la naturaleza y no Contra ella. Se caracteriza por su valoración de la naturaleza, lo que se expresa en la preservación y ampliación de las especies vegetales en su entorno, reforestando e intencionando la recuperación del bosque esclerófilo. Además  se reconocen en el área un total de 3 especies de anfibios, 9 especies de reptiles, 82 especies de aves y 21 especies de mamíferos, de las cuales 25 especies se encuentran en estado de conservación.

Una característica de nuestro barrio es que hemos gestionado nuestro propio hábitat, con un estilo de vida compartido y de cuidado mutuo, en el que se apostó por una urbanización sustentable y respetuosa con el medio ambiente, la Comunidad Ecológica es el único barrio dentro del perímetro urbano, con más de 1000 habitantes que mantiene estas características.

La identidad del lugar se basa en el ideal de cercanía a lo rural y conservación de la naturaleza que se refleja en el cuidado de la vegetación, la no contaminación visual ni lumínica y una urbanización no tradicional que contempla, por ejemplo, veredas de tierra apisonada.

El barrio ha desarrollado un particular estilo arquitectónico, privilegiando la tierra y los materiales nobles en la construcción, en este antiguo arte del barro renovado con tecnología actual, así como en la práctica intensiva del reciclaje. La arquitectura en barro ha trascendido lo “artesanal o típico” y se está proyectando como una alternativa de futuro, en un mundo que requiere técnicas constructivas sustentables, bioclimáticas, carbono neutrales y de cero deshechos.

Al interior de la Comunidad son frecuentes y comunes actividades espirituales, culturales y artísticas que son inusuales en otros barrios. Se instala un Templo Sufi, se construye el Teatro Camino, se realizan actos de celebración de culturas originarias, ritos de celebración de solsticios, se celebra el día Mundial del Reciclaje, de la Tierra, se divulgan técnicas para elaboración de compost, de uso de energías renovables, huertas orgánicas, se instala a la entrada un centro de reciclaje de los desechos de los vecinos. Se realizan exposiciones y remates de obras de artistas del barrio.

En estos 36 años hemos traído a la Comuna una enorme energía creadora, el Teatro Camino, que mostró la posibilidad de hacer cultura en un lugar apartado de los circuitos artísticos tradicionales, un circuito gastronómico, de música, de arte, de artesanía, 3 colegios de pedagogías innovadoras, y actores, cineastas, pintores, músicos, bailarines, coreógrafos, científicos, empresarios y terapeutas.

En la comunidad funciona además una cooperativa de consumo agroecológico La Canasta, creada y manejada por socios vecinos.

Hemos compartido nuestros saberes con nuestros vecinos de Peñalolén impartiendo talleres de aprendizaje de las técnicas de construcción en tierra, de uso de energías renovables, de huertas. Estableciendo organizaciones solidarias como la Casa de Acogida El Oasis en Lo Hermida, la Comunidad Terapéutica de Peñalolén, el proyecto de la Fiesta del Alma, con los intercambios escolares de nuestros colegios con las escuelas municipales y con la ampliación en tierra casas de la Villa Microbuseros en Antupirén, trabajando conjuntamente nuestros arquitectos y maestros con los vecinos.

Actualmente, somos un “seccional” en el Plan Regulador vigente porque después de muchos estudios, con una gran participación ciudadana conseguimos que el Concejo Regional y Municipal, nos otorgara esta condición especial que considera el MINVU para preservar barrios que requieren resguardar sus especiales características. Este reconocimiento se estableció en base a los servicios ambientales que prestamos a la comuna y a la ciudad de Santiago, cuestión que tiene mas vigencia que nunca,  ya que de las 7 quebradas prioritarias por su comportamiento hidráulico en la Región establecidas por el MOP, 3 de ellas están conectadas a la Comunidad.