Construcción y Habitar

Ecoaldea Findhorn en Escocia, las cosas hay que hacerlas bien y con amor pero no con prisas.

Una ecoaldea es una comunidad con estructuras sociales fuertes y vibrantes, unidas por valores ecológicos, económicos y sociales en común.

Las ecoaldeas trabajan en disminuir su huella ecológica además de explorar formas de vida sustentables no solo medioambientalmente, sino también en lo social, económico y espiritual. Abordan la necesidad de participar en comunidades a escala humana, mientras cuidan y protegen la naturaleza.

Fundación Findhorn, Escocia

Esta comunidad se autodefine como una comunidad espiritual, ecoaldea y centro internacional para aprendizaje holístico, ayudando a abrir una nueva conciencia humana y crear un futuro positivo y sostenible.

Esta situada en la bahía de Findhorn, en el noreste de Escocia, a unos 50 km de Inverness.

Escocia es un lugar diferente. Su cercanía al circulo polar ártico, clima ventoso y cambiante, bosques, océano, ríos, la creencia de que lo habitan duendes y hadas, son características que lo hacen tan especial.

La comunidad está formada por unas 200 familias de diferentes nacionalidades y creencias, las cuales comparten un estilo de vida en común: vivir cada día en armonía y en contacto con la naturaleza, así como compartir experiencias y conocimientos que puedan aportar un crecimiento personal y espiritual a todos.

La Historia de Findhorn

En 1962 Peter y Eileen Caddy se quedaron sin trabajo en el Hotel Cluny Hill, y junto a su amiga Dorothy Maclean, se fueron a vivir en una modesta casa rodante en un parque de casas rodantes en la bahía de Findhorn.

Eileen, que era una gran meditadora y tenia una profunda conexión espiritual, recibió la idea desde su voz interior, de montar un huerto, como una solución al problema de estar sin trabajo ni dinero. Ella le transmitió las instrucciones precisas que había recibido a su marido Peter, quien en marzo de 1963 puso manos a la obra, cultivando todo lo que podían en un terreno -hasta entonces baldío. La huerta no tardó en convertirse en una de los más famosas del norte del Escocia, por los repollos de 20 kilos y otros enormes vegetales.

Dorothy, en sus meditaciones, se dio cuenta que podía contactarse con los elementales de la naturaleza, aquellas fuerzas que viven en plantas, arboles, ríos, lo que en sánscrito se conoce como Devas, y que significa los que brillan, pudiendo comprender a través de ellos qué necesitaba cada planta.

Medio siglo después, el legendario huerto de Peter, Eileen y Dorothy (que aún vive en la comunidad a sus 92 años) sigue dando sus frutos en el mismo lugar, junto a la mítica casa rodante verde, en un mágico jardín comestible protegido ahora por los duendes y con un cartel en la puerta donde dice: “Amor en acción”. Así le llaman en Findhorn al trabajo.

FindHorn hoy

El principio de co-creación con la naturaleza, que tanto impregnó a sus tres fundadores, sigue vivo al cabo de las décadas. Pero todo lo demás ha evolucionado con los tiempos y ha sabido trascender el estigma de lo “alternativo”. Aquí se demuestra de una manera palpitante y práctica eso que llaman “el espíritu del futuro”.

Algunos de los habitantes han montado proyectos empresariales que benefician a todos. Por ejemplo, en 1989 compraron la primera turbina eólica que aportaba el 20% de la energía, reemplazada ahora por tres aerogeneradores con una potencia total de 750 kilowatts (la mitad de la energía se vende a la red). Los habitantes de la ecoaldea fueron también pioneros en la instalación de placas fotovoltaicas.

En 1995 se construyó en un invernadero la primera “Máquina Viva”, ideada por el biólogo canadiense John Todd, para depurar de un modo natural hasta 65 metros cúbicos de agua al día (el equivalente a las aguas residuales de 330 personas).

En el 2002 entró en funcionamiento el Eko, la moneda social usada en las más de 30 empresas y organizaciones vinculadas a la fundación.

 

En el 2010 se inauguró la caldera de biomasa, para calentar todos los edificios comunes durante los largos inviernos.

Otros habitantes de la comunidad llevan una vida más austera, volcados en el servicio a la comunidad, el trabajo docente o espiritual y algunos se dedican a trabajar y experimentar en los huertos.

La vida social es muy rica y disponen de interesantes y evolucionados métodos de toma de decisiones y resolución de conflictos.

Sus habitantes conviven en pequeños barrios en los que abundan el arte, las plantas y los espacios de encuentro. La “boutique”, por ejemplo, es una pequeña casita abierta a cualquier hora todo el año, donde uno puede dejar y recoger lo que desee: ropa, herramientas.

Una de las virtudes de Findhorn es que no es una comunidad aislada del mundo, sino es uno de los motores de la economía de la región y ofrece a los habitantes de los alrededores varias atracciones muy apreciadas. Una de ellas es un magnifico teatro (Universal Hall), con forma pentagonal, por el que pasan artistas de todo el mundo.

Cluny Hill College, el antiguo hotel donde habían trabajado los fundadores durante años, actualmente pertenece a la Fundación Findhorn. El edificio dejó de ser un hotel y se convirtió en una escuela holística donde se realizan lcasi todas las semanas experiencias para grupos de diferentes países.

“El secreto de Findhorn esta quizás en su capacidad para cambiar constantemente, que es precisamente la primera ley de la naturaleza”, sostiene Mari Hollander, quien está vinculada a la fundación desde los años setenta.

“Los tres fundadores supieron soltar las riendas y pasar el testigo a las siguientes generaciones. No hemos tenido ‘gurús’. No practicamos un credo en particular, aunque nos guiamos por unos valores, lo que aquí llamamos el ‘terreno común’, que van desde una práctica espiritual (la que sea), pasando por el espíritu de servicio, el crecimiento personal, la cooperación y la no violencia”.

En Findhorn se mezcla lo privado y lo compartido, y éste es quizás otro de los secretos. La pequeña comunidad de casas construidas con barriles reciclados de whisky, se da la mano con la casa portátil ultraeficiente, la casa solar o la casa de bloques de paja. La oficina de Trees for Life (volcada en la reforestación del bosque de Caledonia), el taller de cerámica, al laboratorio de Esencias Florales de Findhorn, al Universal Hall o al Moray Art Centre, se han convertido en referencias culturales obligadas del norte de Escocia.

“Muchos trabajamos para la comunidad, otros trabajan fuera”, explica Mari Hollander. “Los límites son muy fluctuantes. Unos viven en la ecoaldea, otros en las cercanías. Vamos y venimos. Y todos los años pasan por aquí cientos de personas de más de 40 países que van dejando su impronta, y eso también se nota”.

Fidnhorn está lleno de espacios para la meditación, la reflexión o la celebración.

No es fácil quedarse a vivir en Findhorn, ya que todos los puestos de trabajo están tomados, y por esto para quedarse se debe ser autosuficiente.

La Fundación Findhorn tiene algo del otro mundo posible. Es un modelo de comunidad sostenible único en el planeta, una de las comunidades con menor huella ecológica en el mundo, alimentada por el espíritu de sus más de 300 habitantes y por una población flotante de 3.000 visitantes al año, venidos de todas las partes del mundo para participar en cursos de permacultura, desarrollo sostenible, meditación activa, cambio de conciencia, activismo sutil, transición y “resiliencia”…

Es un rico ecosistema de personas y proyectos que se relacionan y llegan a acuerdos. Una forma de vida en contacto y devoción hacia la naturaleza, sin protagonismos personales y con unas relaciones humanas basadas en el respeto y la comunicación directa, junto a una convivencia basada en la no-violencia, y la cooperación.

Link a videos de esta comunidad:

https://www.youtube.com/watch?v=RH7khKVgbgg

Doblaje español

https://www.youtube.com/watch?v=UgbwMbuwEyY

mismo video sin  doblaje

https://www.youtube.com/watch?v=AWLzkJU1WAk

 

https://www.youtube.com/watch?v=QT4xwLwxi9o

 

Fuentes: Fundacion Findhorn, Blogs Carlos Fresneda, Revista Namaste.